DÍA 74

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DÍA 74

MIS SOMBRAS Y YO

No fue casualidad que hoy eligiera llevarme el libro que me llevé para leer en el colectivo.

Este libro, que ya leí varias veces y que forma parte de los pocos que no regalo ni dejo en ninguna de mis mudanzas es “El lado oscuro de los buscadores de luz” de Debbie Ford.

Una de las personas que más han influenciado mi camino de auto aceptación, compasión y amor por mí y por los demás.

Para sanar, debemos aceptar y amar a todas nuestras partes y muchas de estas facetas está ocultas en la sombra.

Algunos de estos aspectos nuestros con “negativos”, y también están los “positivos”.

Cuando podemos ver, aceptar y amar todas estas partes nuestras, entonces nos liberamos de las que nos pueden sabotear por no ser, justamente, reconocidas ni cuidadas.

Es una de las ideas que ella repite, y para mí fue un descubrimiento revolucionario, que tenía todo el sentido del mundo.

Así que ¿puedo aceptar que soy soberbia, egoísta, fría, rencorosa, mandona…y amarme con todos estos aspectos míos?

Me encanta.

No sólo me encanta.

Me libera.

Me relaja.

Y cuando me libero y me relajo, adivinen qué sucede…mis aspectos menos agradables no necesitan hacerse notar tanto.

Les doy amor, y se quedan tranquilos.

¿No es fabuloso?

Siendo una perfeccionista en recuperación, todo esto fue música para mis oídos.

Y sobre todo, para mi alma.

Después de lo que pasó ayer, no fue casualidad que eligiera este libro para releer.

Mientras lo leía, sin siquiera sentarme a hacer los ejercicios, ya se prendieron varias lamparitas en mí.

Debbie cuenta la historia de una participante en su taller, que tilda a un famoso conferenciante de “perdedor”.

A continuación, Debbie la dirige en un ejercicio en el cual termina dándose cuenta de que ella es la que se siente una perdedora en el fondo.

En ese instante, entendí algo sobre mí y sobre este tiempo que fue tan duro par mí, viéndome en un pozo y sin lograr salir.

Mi noche oscura del alma, como la llamo, me pareció ser una sucesión de fracasos bañados en desesperanza.

Yo sí que me sentí una perderora.

Una enorme perdedora.

Como nunca antes lo había sentido.

Sentí la vergüenza de no ser capaz de hacer aquello que quería.

Sentí la amargura de sentirme inútil, sin rumbo claro y desperdiciando mis talentos.

Sentí la profunda tristeza de no estar brillando sobre el mundo.

Agradecida estoy de haberme sentido tan mal sabiendo que no estaba viviendo con todo mi potencial.

Cuando algo nos duele, podemos tener el impulso y tomar la decisión de hacer algo para sanar.

Y acá estoy, haciendo algo.

Y sanando.

Llevo casi dos años manifestando la perdedora en mí.

Aterricé en el país que me vio perder de chica, en el que perdieron mis padres, en el que perdimos todos…y algo en mí no pudo hacer otra cosa que respetar ese compromiso tan profundo con el perder.

¿Cómo podía permitirme ganar cuando este era el lugar donde se pierde?

Así que, esta noche, le doy la bienvenida a mi perdedora.

Le abro los brazos y la abrazo fuerte fuerte.

Le digo que la quiero y que está a salvo.

Le expreso mi aprobación.

Tiene un lugar dentro mío y tiene mi amor.

¿Les dije que todas las facetas tienen dos caras?

La “negativa”y la “positiva”.

¿Les conté que llevo dos días ganándole a la escoba de 15 a mi pareja después de haberme él ganado varias veces seguidas?

¿Están pensando lo mismo que yo?

xox

Claudia

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DÍA 72

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DÍA 72

NADA COMO VERLO

Hoy tuve el privilegio de ver, de nuevo, cómo funcionan el resentimiento y la resistencia al perdón.

Mi clienta me habló de una persona que había hecho algo que había perjudicado a su padre.

Ella estaba muy enojada, la energía que desprendía cuando hablaba de esta persona era increíble.

Sentía de verdad que podría matar a esta persona.

Y no me malentiendan.

La entiendo.

He sentido ganas de hacer daño a personas que me lastimaron…pero sé que ni funciona, ni me sentiría bien y además, creo que todo vuelve y lo último que quiero es atraer violencia o dolor a mi vida.

¿Es injusto lo que “nos hicieron”?

Puede que sí.
Puede que no.

Según se mire, según nuestra creencia y nuestro criterio, algo puede parecer justo o injusto.

Y no somos ni jurado ni jueces para encargarnos de que se haga justicia en la vida ajena.

Solemos agarrarnos del resentimiento y negar el perdón cuando sentimos que se cometió una injusticia.

Ese es el juicio que emitimos y con el cual defendemos nuestro enojo.

Sentimos que tenemos razón, que la justicia está de nuestra parte.

Es evidente ¿no?

Yo también he sentido eso.

A mis ojos, era evidente que lo que la otra persona había hecho era terriblemente injusto.

He dejado amistades.
He denunciado amenazas.
He expresado mi dolor.

En ningún caso, diría que lo que “me” pasó fue injusto.

Es más, diría que yo atraje los episodios desagradables o dolorosos de mi vida.

He de admitir que las relaciones que terminaron con un sabor amargo, fueron relaciones en las cuales yo había detectado señales de abuso, desinterés o diferencias de criterio demasiado grandes.

Decidí quedarme.

Decidí creer y confiar más allá de lo que me contaba mi corazón.

Me quemé.

Y soy responsable de haberme quemado.

Por mucho que en el momento haya sentido la tentación de culpar a la otra persona.

Por muy injusto que me haya parecido lo sucedido.

Justamente, una de las personas que actuaron de una forma que me resultó dolorosa, ella misma me dijo la frase que se terminaría cumpliendo como una profecía:

“El que con niños se acuesta, mojado se despierta.”

Ella solía repetir estas palabras.

No escuché la señal.

Solemos anunciar lo que tenemos toda la intención de hacer.

Las señales de una relación que no nos conviene, suelen manifestarse bastante pronto.

Puedo dar fe de esto.

¡Jajaja!

Si elegimos seguir adelante y quedarnos, entonces, no podemos culpar al otro.

No tiene sentido seguir castigándonos ahora por habernos equivocado en el pasado.

APRENDO DE CADA EXPERIENCIA Y SIGO MI VIDA CON ALEGRÍA

El perdonar nos libera a nosotros.

Recordemos esto siempre.

El perdón es para nosotros.

Al otro, le da igual.

El otro sigue con su vida.

Los que nos quedamos con ese veneno corriendo por nuestras venas, somos nosotros.

El perdón nos libera.

Corta las cadenas que nos siguen atando a esa personas.

¿Tiene algún sentido seguir lastimándonos porque alguien nos lastimó?

¿Tiene sentido seguir castigándome porque otra persona hizo algo que me dolió?

No.

Claro que no.

Perdonar.

Perdonar y perdonar.

Todas la veces que sean necesarias.

Perdonar para liberarnos de las ataduras del pasado.

Perdonarnos a nosotros mismos por aquellas decisiones que terminaron exponiéndonos a situaciones dolorosas.

Perdonar.

Siempre.

xox

Claudia

DÍA 69

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DÍA 69

DE CUMPLEAÑOS, SINCRONICIDADES Y PAÑALES

Hoy cumple años una de mis amigas de infancia.

Siempre recordé la fecha de su cumpleaños, y cada 7 de febrero, esté donde esté, pienso en ella.

Ella, así como su madre, son un ejemplo de fuerza, de coherencia y de valor para mí.

Hace unos años me encontraba en París, dando vueltas por una famosa librería del centro de la ciudad.

Estaba buscando un libro de Louise Hay para regalar, cuando oí una voz con un claro acento argentino, que preguntaba acerca de un título.

Algo en la voz me resultaba familiar más allá del acento tan característico que había crecido escuchando.

Levanté la mirada para ver a quien pertenecía aquella voz y…reconocí inmediatamente a la madre de mi amiga.

No nos habíamos visto desde que yo tenía 15 años y nos estábamos yendo a Canadá.

Sabiendo que no me reconocería, me acerqué, emocionada de encontrármela ahí y recordándole quien era yo.

Fue un encuentro fantástico que me dejó conmovida durante horas.

Luego, me acerqué a un evento sobre las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, que ella organizaba en la embajada y nos volvimos a ver en su casa, junto con mi amiga de infancia y su bebé.

Por alguna razón, no se me da bien el mantener el contacto, incluso cuando quiero y me interesan las personas.

Por alguna razón, las despedidas me sientan mal y prefiero no saludar cuando me voy.

Mudarme tantas veces.

Separarme tantas veces y sin embargo, llegar a esta conclusión.

La tecnología y las facilidades para mantenernos en contacto no han hecho nada por mantenernos unidos con mi familia y amigos. Obvio que no han hecho nada, porque las personas somos quienes tenemos que hacerlo, jaja.

He desarrollado una fina capa de hielo alrededor de mi corazón a lo largo de los años.

Al mismo tiempo, trabajo para derretirla.

¡Qué ironía tan grande!

¡Qué contraproducente!

¿Alguna vez les mencioné que nací con el sol en Géminis?

¡Jajaja!

¿Lograré poner de acuerdo y en sintonía a mis dos mellizos?

¿Les conté que mi hermana y hermano son mellizos?

En fin, volvamos al tema…

Seguir conectada. Mantener la alegría viva. Abrir el corazón.

Esto es lo que veo en mi amiga y su familia. Es la sensación que me dan. Y esto me inspira a hacer lo mismo, a abrirme a los míos, a conectar, a seguir adelante con valor y determinación.

AHORA ES UN BUEN MOMENTO PARA ABRIR MI CORAZÓN Y CONECTAR CONMIGO Y CON LOS DEMÁS

¿Recuerdan mi calendario?

Esta semana fue bautizada FUERA PAÑALES.

Y me río de lo acertado de este título que yo misma elegí.

Me quedan 21 días para concluir este programa de 90 DÍAS.

Sé que en estas tres semanas que quedan, mis árboles van a dar frutos, jugosos, maduros y listos para ser comidos, con las manos y su azúcar deslizándose por mis brazos.

Así que, FUERA PAÑALES, a seguir adelante con un paso aún más decidido, más maduro y mucho más seguro.

Gracias amiga por inspirarme siempre a seguir adelante más fuerte y más conectada.

xox

Claudia

 

DÍA 66

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DÍA 66

LA MUERTE IMPRESCINDIBLE

Esta mañana, me dio por pensar de nuevo en el porqué de mi poca energía estos últimos días.

La verdad es que no soy capaz de encontrarle una razón exacta.

Supongo que contribuyen varios factores.

El vértigo del cambio venidero, el cambio que ya está sucediendo y…

la muerte imprescindible.

Caí en la cuenta de que si bien, he hablado de renacer, omití el hecho de que para poder renacer, hace falta morir antes.

De chica, le tenía terror a mojarme la cara y ni hablemos de sumergirme en el agua.

Ni siquiera soportaba que me salpicaran en una pileta.

Mi tía se burlaba de mi miedo y mi padre pretendía sacarme el miedo tirándome al mar.

Tal vez haya funcionado para otras personas, pero a mí sólo conseguía asustarme más, y un día me enfurecí y en medio de la gente que poblaba la playa en verano, me colgué de la malla de mi padre con todas mis fuerzas con la firme intención de bajársela.

Funcionó.

¡Jajaja!

Nunca más volvió a tratar de meterme en el agua por la fuerza.

Hasta el día de hoy, nos reímos recordando ese episodio.

Finalmente, aprendí a nadar a los 9 años, con un tío mío que era un amor con nosotros y con quien habré sentido la confianza necesaria para meterme incluso debajo del agua.

No me pregunten como,pero un tiempo después, me di cuenta de que ya no recordaba como zambullirme.

Siempre me gustó nadar, pero sigo sin poder meter la cabeza sin taparme la nariz.

Hace unos días, vi la foto de una amiga que estaba bajo el agua y su comentario al pie de la foto decía que se encontraba en el dulce útero del universo.

Algo hizo clic dentro mío.

Las palabras dulce y útero parecían contradecirse para mí.

Luego, dándole un baño a una nena, descubrí que le pasaba lo mismo que a mí: necesitaba taparse la cara con algo seco mientras yo le lavaban el pelo.

Supe que necesitaba volver a trabajar con el agua y con sumergirme.

Recordé a un terapeuta primal que se quedaba sumergido durante minutos usando un tubo para respirar.

Recordé también una etapa mía en la que sentí la necesidad de sumergirme en mi bañera hasta las orejas para experimentar ese sonido y esa sensación tan única del agua.

Yo, lo asocié sin duda alguna a una necesidad de volver a la vivencia del útero materno.

Volver al vientre materno suena bien por un lado, y por otro, sospecho que no fue un lugar donde me sentí totalmente segura.

Tal vez, más que volver a aquel útero de mi madre, mi necesidad sea la de volver a nacer de un útero simbólico. (por lo menos, es factible… : )

Y… ¿qué tiene que ver todo este tema del agua con el de morir y renacer?

Todo.

Dicen que el mareo en barco es el miedo a la muerte.

Las palabras mar y madre suenan igual en francés.

Nuestro origen parece ser el mar.

El agua es imprescindible para nuestra vida.

El agua cambia, transforma, crea, nutre y destruye.

Esto últimos días en los que siento mi energía floja sumados a este nuevo impulso de sanar mi relación con el agua me hacen decir que estoy experimentando

mi muerte imprescindible

para poder

renacer.

xox

Claudia

DÍA 63

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DÍA 63

REESCRIBIR LA HISTORIA

Si el tiempo no es lineal y todo todo está sucediendo ahora mismo, al mismo tiempo, entonces, significa que yo puedo elegir otro presente, el futuro que quiera y hasta puedo cambiar la historia de mi pasado.

Esta idea tuve hoy, mientras leía un libro de Candace Pert, una neurcientífica y farmacóloga que trabjaó, entre otras cosas, para demostrar la relación cuerpo-mente científicamente.

Tal vez sea evidente que creamos nuestro futuro.

En cuanto al presente, sabemos que nuestro poder radica siempre en el ahora y que podemos elgir como nos sentimos cambiando nuestros pensamientos.

(Los pensamientos se pueden ir cambiando, uno a la vez y de hecho, se cambian las conexiones neuronales con el tiempo.)

Ahora, cambiar mi pasado…es todo un desafío siquiera tratar de entender cómo puede funcionar, sin embargo, estoy convencida de que se puede.    

Si cambio la historia de mi infancia, de los momentos más traumáticos, entonces, estaría modificando también mi presente, y por supuesto mi futuro.

Si cambio las creencias que adopté en el momento en que lo hice, entonces, puedo cambiarlas de raíz.

Si la conclusión que saqué de chica fue que yo era una persona no querida ni deseada, pobre, poca cosa y no merecedora, inferior, fea y sucia…

¿Qué pasa si consigo que esa misma nena se sienta como una persona cuyas necesidades fueron satisfechas abundantemente, amada y apreciada, deseada, parte de la abundancia de la vida, merecedora de una vida plena, abundante, satisfactoria y feliz, valiosa y hermosa?

Entonces, cambiarían de cuajo todas las creencias asociadas con las conclusiones erróneas que saqué en su momento.

¿Verdad?

Se me ocurre que si voy a la fuente de origen de las creencias falsas, o sea negativas, entonces, será mucho más fácil  y cambiarlas en mi presente.

¿Qué tal si, además de escribir mi guión para mi presente y futuro, reescribo el guión de mi pasado?

Yo creo que se puede.

Así que allá voy.

A cambiar mi pasado.

A reescribir mi historia.

xox

Claudia

DÍA 60

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DÍA 60

DEJAR QUE SOPLE EL VIENTO

Hoy me levanté con un ambiente gris en mi cabeza.

No particularmente de mal humor, más bien en un estado… así, un estado “tres puntitos”.

Ni siquiera diría suspensivo, que suena incluso más divertido.

Como si un huracán vago e indeciso me hubiese transportado lejos de mi órbita natural.

A veces, me pasa.

Anoche se fueron nuestros sobrinos y claro, sentí la ausencia de aquellos pelos parados recién levantados y esos ojitos a medio soñar.

Antes, solía luchar contra estos estados de ánimo.

Suelo levantarme de buen humor, así que cuando no es así, una parte de mí no está contenta y se queja.

Una parte mía, a la cual llamaremos Señorita Todolopuedo, pretende estar siempre bien, contenta, agradable, relajada, entusiasta, alerta, integrada, abierta, fabulosa, linda, sexy, servicial… y de buen humor.

Aja.

Bueno.

Por suerte, también reside en mi mente la Señorita Tranquilaquenopasanada.

A esta la adopté yo personalmente hace unos años.

Lo hice en otra tierra donde la adopción necesita menos burocracia.

Estoy muy satisfecha con mi elección.

Total que decidí relajarme en ese estado gris en el que me encontraba.

Advertí a mi pareja, para que supiera en qué planeta me encontraba hoy, ya que en este estado, puedo ser quejosa, negativa, fatalista incluso, y quería que supiera que no era nada serio.

Sólo es una nube pasajera.

Yo, me vestí las uñas de estrellas y dejé que soplara el viento.

Y sopló.

Y junto con las vías del tren que desaparecían detrás nuestro mientras viajábamos hacia la ciudad, se esfumó la nube, volvieron los colores a posarse sobre mis pestañas y mi humor cambió.

Agarrada de su mano, viajé con el corazón ligero de nuevo, sin mediar palabra para no estropear el silencio, que todo lo dijo por mí.

A veces, cuando estamos en un espacio incómodo, desagradable o simplemente gris, podemos probar elegir dejarlo ser y dejar que sople el viento en otra dirección.

Porque tarde o temprano…siempre termina por

soplar.

xox

Claudia

DÍA 58

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DÍA 58

¿DE VERDAD FUNCIONA?

Anoche, me metí en la cama y me di cuenta que algo me había faltado hacer.

¡Mi blog!

¡Jajaja!

Y bueno, es lo que tiene convertirse en tía a tiempo completo de cinco pequeños.

Desde el desayuno, pasando por el almuerzo, la merienda en el río, los baños, lavarles la ropa, darles de comer una vez más, mirar una peli…no tuve tiempo de nada.

Por lo menos, hice mi Yoga y medité de nuevo con mis dos seguidoras.

Esta semana estoy trabajando un tema muy importante para mí: la crítica y el juicio.

Crecí en un ambiente muy crítico, en un país muy crítico y yo fui muy crítica.

Aún ahora, sigo trabajando para dejar la crítica y el juicio.

Vivir en España me enseñó otra forma de mirar a las personas. Una de las primeras cosas que noté estando allá, fue una tendencia a aceptar a las personas tal como son.

Recuerdo a una familia que ayudaba a un vecino alcohólico, y no lo juzgaban, simplemente él era “el borracho” del barrio y lo aceptaban tal cual.

Tal vez le pusieran una etiqueta, pero no lo condenaban.

Para mí, fue algo nuevo.

Luego, vinieron los libros de Louise Hay y su idea revolucionaria (para mí) de que la crítica no funciona.

Wow.

Nuevo.

¿Así que puedo vivir sin la necesidad de criticarme y criticar a los demás?

Ahora me parece mentira que en algún momento de mi vida creyera tanto en la crítica.

Era algo tan natural para mí que creí que así funcionaba el mundo.

De todas formas, me doy cuenta del porqué. Veo como otras personas siguen creyendo lo mismo que yo creía.

Sigo trabajando, como ya dije, para dejar la exigencia de lado. La exigencia para conmigo y para con los demás.

La crítica NO FUNCIONA.

Es una verdad muy simple.

Y sí, es una verdad.

Algunas personas me preguntan: “¿Qué hay de la crítica constructiva?”

Yo digo que si es constructivo entonces, no es crítica.

Por ejemplo, si hago una comida y no está rica.

Puedo pensar/decir que yo soy una mala cocinera (crítica) o puedo pensar/decir que esa comida no quedó rica.

Puedo evaluar mi propio trabajo y ver qué puedo hacer mejor la próxima vez sin tener que criticarme a mí como persona/creadora/trabajadora.

Como dice Louise: “La critica rebaja nuestro espíritu mientras que el elogio lo eleva.”

En nuestras culturas, muchos hemos aprendido lo contrario.

¿Cuánto tiempo llevas criticándote por lo mismo?

¿Funcionó para cambiar por lo que te criticas?

La respuesta es SIEMPRE la misma.

No.

En cuanto a la crítica a los demás…¿qué sé yo realmente del otro, de su vida, de sus circunstancias?

¿Me gusta que otros me critiquen por ser como soy o quiero que me acepten?

¿Qué me sirve para crecer?

¿La crítica o la aceptación?

¿Qué sucede si criticamos a un niño todo el tiempo?

¿Brilla con todo su talento o merma su potencial?

Hace años elegí dejar la crítica y el juicio, hacia mí misma, hacia las demás personas, hacia el mundo.

¿Y vos?

xox

Claudia