DÍA 60

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DÍA 60

DEJAR QUE SOPLE EL VIENTO

Hoy me levanté con un ambiente gris en mi cabeza.

No particularmente de mal humor, más bien en un estado… así, un estado “tres puntitos”.

Ni siquiera diría suspensivo, que suena incluso más divertido.

Como si un huracán vago e indeciso me hubiese transportado lejos de mi órbita natural.

A veces, me pasa.

Anoche se fueron nuestros sobrinos y claro, sentí la ausencia de aquellos pelos parados recién levantados y esos ojitos a medio soñar.

Antes, solía luchar contra estos estados de ánimo.

Suelo levantarme de buen humor, así que cuando no es así, una parte de mí no está contenta y se queja.

Una parte mía, a la cual llamaremos Señorita Todolopuedo, pretende estar siempre bien, contenta, agradable, relajada, entusiasta, alerta, integrada, abierta, fabulosa, linda, sexy, servicial… y de buen humor.

Aja.

Bueno.

Por suerte, también reside en mi mente la Señorita Tranquilaquenopasanada.

A esta la adopté yo personalmente hace unos años.

Lo hice en otra tierra donde la adopción necesita menos burocracia.

Estoy muy satisfecha con mi elección.

Total que decidí relajarme en ese estado gris en el que me encontraba.

Advertí a mi pareja, para que supiera en qué planeta me encontraba hoy, ya que en este estado, puedo ser quejosa, negativa, fatalista incluso, y quería que supiera que no era nada serio.

Sólo es una nube pasajera.

Yo, me vestí las uñas de estrellas y dejé que soplara el viento.

Y sopló.

Y junto con las vías del tren que desaparecían detrás nuestro mientras viajábamos hacia la ciudad, se esfumó la nube, volvieron los colores a posarse sobre mis pestañas y mi humor cambió.

Agarrada de su mano, viajé con el corazón ligero de nuevo, sin mediar palabra para no estropear el silencio, que todo lo dijo por mí.

A veces, cuando estamos en un espacio incómodo, desagradable o simplemente gris, podemos probar elegir dejarlo ser y dejar que sople el viento en otra dirección.

Porque tarde o temprano…siempre termina por

soplar.

xox

Claudia

DÍA 49

 

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DÍA 49

DESAPEGADA

Quería empezar mi dieta purificadora mañana, pero parece que no voy a conseguir los ingredientes necesarios.

Mi reacción inicial es la de frustrarme.

No se dan las cosas exactamente como yo quería.

AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH.

Y luego, respiro, tomo distancia, observo y me digo que no es para tanto.

Se dará como tenga que darse.

Al deshacerme de mi pelo, además de soltar el pasado, quiero practicar el desapego.

Muchas veces he escuchado mencionar esta palabra del desapego y también fui aprendiendo definiciones o más bien, áreas de la vida a las cuales podemos aplicar el desapego.

En algunos aspectos de mi vida, me es muy fácil.

Las cosas materiales, los objetos personales, las casas, los lugares físicos, la opinión de gente y las creencias de la sociedad son aspectos con los cuales no siento ningún apego.

En cambio, la aprobación de la gente que quiero ha sido un tipo de apego que he trabajado y con el cual estoy mucho mejor.

Tengo un gran maestro muy cerca mío que me ayuda a aprender a respetar al otro tal como es, respetar sus elecciones y dejar de pretender que viva como a mí me gustaría.

Este tipo de desapego es uno que valoro profundamente.

Llegar a comprender y aceptar, con amor, que una persona  muy querida y cercana pueda elegir comportamientos destructivos, pasar por una fase de desconcierto, de preocupación, de angustia y luego llegar a un punto en el que lo acepto tal como es de verdad y dejo de sentirme mal cuando pendo en él, es un regalo.

Para mí y para la otra persona.

Es fácil respetar al otro cuando actúa de una manera que podemos entender y que aprobamos.

El desafío es respetar al que no lo hace así.

El desapego a como se sienten los demás.

Siempre me costó mucho el poder desapegarme de lo que siente el otro.

Ponerme mal si el otro se siente mal. Contagiarme del estado emocional del otro.

He sido campeona en esto. ¡Jajaja! Poco a poco, pude ir soltando y desapegándome de lo que siente y lo que le pasa al otro.

Dándome cuenta una y otra vez que no servía de nada que yo me sienta mal y sobre todo, entendiendo que yo no tenía nada que ver con como se siente el otro.

El desapego al pasado.

Soltar y soltar y dejar de identificarme con mi historia.

Byron Katie nos hace una pregunta que me gusta recordar:

“¿Quién serías sin tu historia?”.

Estamos muy acostumbrados a definirnos con y por nuestra historia, cuando en verdad, podría cambiar mucho y podemos ya tener poco que ver con nuestro pasado.

¿Nunca sentís que viviste ya mil vidas en esta?

Yo sí.

Siento que viví muchas vidas, fui muchas personas, y sigo cambiando y escribiendo mi historia.

Mi pasado no me define como el ser humano y divino que soy.

Desapegarme del futuro, de los resultados y de lo que pueda suceder.

Tener planes, crear proyectos, sentir deseos, y todo esto sin apegarme a un resultado en particular.

Porque la vida puede tener algo mucho mejor esperándonos de lo que tenemos pensado nosotros mismos.

Aceptar que las cosas no sean exactamente como las había pensado, deseado, contemplado es una lección de humildad de cada día y además, me permite vivir más relajada.

Al aceptar que no estoy al mando de todo, puedo dejar una parte al universo, a la vida, a las deidades…

En esto pienso hoy, en mi día 49, un día lento y caluroso que me invita a tomarme un descanso.

xox

Claudia

DÍA 35

 

 

 

 

 

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DÍA 35

 A VECES SE PARA EL TIEMPO

Después de toda la acción  en casa durante unos días, ahora toca disfrutar de un poco más de calma, tranquilidad y menos ruido en la casa.

Me gusta tanto la acción, el alboroto, el ruido y la gente  como  el silencio, la quietud y la soledad.

Hoy fuimos con mi hermano y sobrinos a casa de unos vecinos y disfruté mucho de que otros preparen la comida, nos sirvan y se ocupen de todo.

Me gusta tanto una cosa como la otra.

Me encantó recibir la llamada ayer de un querido amigo que nos invitaba a su casa.

Qué lindo dar y qué lindo recibir.

Comimos, jugamos al ping pong, nos bañamos en la pileta, y después de unas horas, de vuelta a casa.

A un momento más intimo, más tranquilo.

A bañar a los chicos, jugar a las cartas, cenar algo y a la cama.

Así me parece que es la vida y como me gusta que sea; con momentos variados y diferentes entre sí, con más o menos gente, más o menos acción, ruido, y siempre con la alegría de vivir en el presente y de disfrutar de lo que sea me traiga.

DISFRUTO DE TODOS LOS COLORES DE MI VIDA

Estos últimos días fueron como unas vacaciones para mí, me olvidé del tiempo, tanto me olvidé que pensé que era jueves cuando ya era viernes.

Qué bueno despistarme tanto cuando durante gran parte de mi vida fui una persona que necesitaba controlarlo todo a su alrededor y sabía siempre exactamente en qué día vivía. 

¡Cuánto crecimiento!

Sigo por ese camino, creciendo y relajando.

xox

Claudia

 

 

DÍA 32

 

 

 

 

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DÍA 32

DEJARME LEVAR

En este momento, somos unas 20 personas en casa.

Es divertido, entretenido, y me da la fantástica ocasión de soltar la necesidad de controlarlo todo y de estar encima de cada cosa que sucede a mi alrededor.

Todavía está el piso forrado con colchones, almohadones y todo lo que tenemos en casa que pueda acomodar unos cuerpos de más para descansar.

Y me encanta.

A veces, me gusta experimentar el desorden para disfrutar del orden.

Me gusta el desmadre para luego volver a juntar mis energías y canalizar con enfoque.

Son hermosos estos días de vacaciones, en la casa llena de chicos, de comida y de momentos compartidos.

Hoy me siento contenta, con ganas de disfrutar del agua, del calor y de cada persona.

Sin duda, mi rutina está trastocadisima.

Y bueno…ya volveré a mi disciplina diaria.

Por ahora, a disfrutar de la espontaneidad, del estar rodeada de otras personas.

A olvidarme del desorden en la casa y del trabajo que  me dará limpiar todo cuando se vaya el último invitado.

Suelto la necesidad de anticiparme y de sufrir inútilmente.

SUELTO LA NECESIDAD DE CONTROLARLO TODO A MI ALREDEDOR Y ME DEJO LLEVAR

Mi otra faceta: tengo la espontánea que sabe disfrutar del momento y también tengo la que no quiere ver desorden o que pretende que todos ayuden…y es una batalla perdida.

O sea, una batalla que no merece ser llevada. 

Cada uno hace a su manera, lo que sabe o conoce.

Cada uno tiene sus propios códigos y maneras de funcionar.

Para mí, es un ejercicio dejar que sea lo que sea y no pretender cambiar a los demás y querer que hagan lo que “yo haría”.

Suelto la tentación de querer tener razón. Suelto la necesidad de controlarlo todo.

Vuelvo al presente, me centro en la humildad y disfruto de cada momento, porque es un verdadero regalo.

Feliz día y feliz año.

xox

Claudia