DÍA 56

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DÍA 56

8 AÑOS

Hoy, escribo desde una casa lllena de gente.

Familia y amigos, grandes y chicos apararecen en cada rincón de la casa. 

Estamos festejando el cumpleaños de uno de mis sobrinos.

Cumple 8 años.

Lo que más recuerdo de mis 8 años es el viaje que hice con mi familia desde Paris hasta el sur de España.

Viajamos en un Renault 12 blanco, lleno con cada cosa necesaria para la ruta y el camping, sin faltar el grabador Hitachi con pilas para escuchar música en el trayecto.

Hoy, no es un viaje hacia ningún lado, sino simplemente el viaje que cada niño en casa hace con su imaginación, sus juegos y su alegría.

Es IMPRESCINDIBLE jugar, divertirse, usar la imaginación y el sentido del humor, reírse y tomarse la vida con ligereza.

Como lo hacen los chicos.

Con toda la sabiduría con la que venimos al mundo, podemos confiar en que ellos saben mucho.

Viajar en aquel auto era toda una aventura, como un juego.

Seguramente habremos pasado calor en el verano andaluz, me habré mareado y el camino se habrá hecho largo a ratos.

Sin embargo, lo que más recuerdo es la belleza de la Alhambra, el blanco inmaculado de las casas y el silencio a la hora de a siesta, el sabor refrescante del gazpacho, las playas y el verano pasado con mi familia.

Y la alegría.

Simplemente.

Hoy deseo que mi sobrino y que cada persona del planeta recuerde siempre el poder de la risa, la magia del juego y la alegría que de verdad es vivir.

VIVO CADA DÍA CON ALEGRÍA 

xox

Claudia

DÍA 50

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DÍA 50

¡JA!

Hoy me tocó trabajar el tema de el enojo.

Este es un gran tema para mí.

Enojarme es como un reflejo ante muchas situaciones y personas en mi vida.

Un reflejo como es el de dar una patada cuando nos golpean la rodilla.

Es un mecanismo que se dispara sin que me dé tiempo a reflexionar.

No solo eso.

Sino que además, no expreso mi enojo.

Me lo trago.

O me lo tragaba, porque cada vez me sale mejor lo de poder comunicar si estoy enojada o si algo me molesta y he adoptado métodos para sacar este enojo afuera de forma sana para que no se aloje en mi cuerpo.

Hago almohadoterapia.

Escribo y expreso mi enojo con palabras.

Bailo.

Canto.

Grito con la cara hundida en almohadas.

Respiro.

Medito.

Me doy Reiki.

Lo que funcione para sacármelo de encima.

Últimamente, estoy logrando comunicar y decirle al otro: “Estoy enojada por tal cosa.”

Total que hoy, me tocó trabajar el enojo con el libro de Louise Hay.

No es la primera vez que lo hago, trabajé con mi rabia y mi enojo muchas veces a través de los años.

Hice mucho por soltar y cada día consigo acumular menos y además, deshacerme del enojo viejo.

Ese enojo de hace años, de cuando era chica. Cada día queda menos, y es una bendición.

Cada día consigo expresarlo mejor, y también es una bendición.

La mayor bendición sigue siendo el que poco a poco no me enoje más por cosas que no lo merecen. (Si es que algo merece que nos enojamos : )

El aprobarme yo y no esperar la aprobación del otro me ayudó a no tomarme las cosas tan a pecho y el no tomarme las cosas a pecho, resulta en menos enojo.

Cada vez me fui riendo más de mí misma. Lo cual resultó en poder reirme mucho más de lo que otros dicen o piensan de mí.

Me fui queriendo y aceptando más.

Es obvio que esto resulta en enojarme menos conmigo misma, con otros y con la vida. FABULOSO.

Ahora, lo que más tengo ganas de contarles en mi DÍA 50 (¡clap clap!), es el descubrimiento que hice hoy.

Trabajando con mi enojo por enésima vez.

Me di cuenta que me enojo cuando algo me duele.

¡Ja!

Ahora que lo escribo, parece obvio.

Tiene todo el sentido del mundo, y sin embargo, me llevó mucho tiempo comprenderlo a un nivel tan profundo como me sucedió hoy.

Comprenderlo en mis entrañas, en mi corazón y en mi mente.

¡Ja!

Por eso, les pido: nunca dejen de trabajar un tema que les pesa, aunque tengan la sensación de seguir trabajando lo mismo una y otra vez.

Nunca, JAMÁS, se cansen de trabajar por estar mejor, por ser más felices, por vivir más livianitos.

Me enojo cuando algo me duele.

O sea que no existe un enojo real.

Sino que lo que hay es un corazón sensible que se siente dolido.

Aprendió a expresarlo como enojo, pero no es lo que hay en el fondo.

Y yo que creí, durante tanto tiempo, que era una personita enojada y enojadiza.

Resulta que soy una personita sensible a la que le cuesta mostrar su sensibilidad.

¡Ja!

FABULOSO.

xox

Claudia

DÍA 15

 

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DÍA 15

CUANDO LA INTENCIÓN ES PODEROSA Y…¡EL PEPINO!

Es FANTÁSTICO lo que se puede lograr en 15 días cuando ponemos nuestra intención y tomamos acción.

Mis pasos no han sido perfectos ni he seguido el plan al 100%, sobre todo en los primeros días.

Eso sí, cada día lo hago mejor.

Ayer noté que cada día me es más fácil ponerme a hacer Yoga y que ya empiezo a disfrutar de cada estiramiento y de cada gota de sudor que nace del ejercicio.

Llegué a ese momento en el que empieza ya a convertirse en una rutina necesaria y placentera en mi vida.

Mi propósito de sanar mi corazón y mis sentimiento dolidos de chica, va de maravilla.

Conecté con mi niña, dejé que saliera el dolor, escuché una meditación para la niña interior de Louise Hay y dormí con Mantras y música sanadora.

Tuve sueños muy extraños e incómodos, y siento que la energía “dolida” ya está cambiando.

La tranformación está sucediendo ya, en este momento.

El hecho de tener la intención de sanar y de sentir el deseo sincero de hacerlo planta la semilla para que suceda. Acompañado por acciones que contribuyen a la sanación, se convierte en una poderoso cóctel para el éxito.

HOY ESCUCHO CADA SEÑAL DE MI CUERPO

Estoy cansada y mi cuerpo necesita un rato de no hacer nada.

Así que, en cuanto suba estas palabras, me voy a tirar a leer en la cama. Si me duermo, me duermo.

Tengo mil cosas para hacer en la casa, pero no importa. Ya las haré.

Por experiencia sé que si me esfuerzo en hacer cosas a pesar del cansancio, no voy a ser productiva, no lo voy a disfrutar y además: mi bienestar es más importante que una casa sin polvo.

Un ejemplo de lo que sucede cuando seguimos haciendo mientras el cuerpo pide parar: esta mañana fui a comprar comida.

Pasé por dos lugares distintos.

Un vecino me ofreció acercarme hasta casa y gustosa, acepté.

Pagué la verdura y me subí al auto.

Charlamos, llegamos a mi casa, dejé las bolsas encima de la mesa y les di la carne a las fieras.

Guardé el resto de las compras.

Puse avena sobre el fuego para mí.

Y en ese momento, volví a mirar la mesa…

¿Y la verdura?

¿Y mi pepino?

¡LA VERDURA!

La verdura sigue en sus bolsas en la verdulería.

Cuerpo y mente cansada= acciones despistadas.

¡Jajaja! ¡Yo que pensaba hacerme un rico sushi de pepino! ¡¡¡Buaaaaaaa!!!

Por eso, me voy a descansar para no ir dejando más pepinos por el camino.

xox

Claudia

DÍA 4

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UNA BUENA BROMA

Después de un DÍA 3 sumamente interesante, me fui a dormir contenta, entusiasmada y feliz con mi cambio.

Después de hacer Yoga, que otra vez me organicé para las 3 de la tarde, me sentí muy revuelta.

Creo que fue una mezcla de hambre, de haber tomado mate por la mañana y de las emociones que liberé, tanto en la sesión de Yoga como escribiendo.

Sentí ganas de vomitar y náuseas.

Me puse agua fría en la frente y me recosté un rato, hasta que se me pasó un poco.

Tenía clase con mis adolescentes, que adoro, y no quería faltar, así que emprendí camino después de una duchita.

A todo esto, me llevé la comida porque no había tenido tiempo ni ganas de comer después del malestar.

Espero el colectivo… que tarda…y tarda… y yo iba con el tiempo justo.

Y bueno…no pasa nada.

Si veo que llego tarde, aviso.

Llega el colectivo, nos subimos los 20 que lo esperábamos, tomo asiento.

Sentí que estaba frío al sentarme, pero no le di mucha bola.

Pensé que tal vez era yo, que me sentía rara.

No era yo.

El asiento estaba mojado, como pude comprobar cuando me levanté con todo un cachete mojado con agua, quiero creer…era agua, ¿CIERTO?

Ok. Bueno, no importa.

¡Ah! Mi pareja me había dicho que no fuera a dar clase sintiéndome así.

Un pequeño detalle.

Me bajo del colectivo y espero el segundo, que me lleva hasta donde voy.

Le aviso a la coordinadora que voy a llegar unos minutos tarde ya que perdí el colectivo que suelo tomar.

Llega el siguiente colectivo.

No hay asiento.

Mejor.

Nunca se sabe.

Frenazo número uno. Una chica me pisa el pie. Voy en sandalias. Duele.

Frenazo número dos. Me trago la barra para garrarse en el brazo. Duele.

Bueno. Esto pasa. No hubo accidente y todos estamos bien.

Más o menos a la mitad del camino, el colectivo para y después de un minuto, se desvía.

Veo el humo característico de un piquete.

En ese momento, ya me empiezo a reír por dentro. Y pienso en la cara de mi novio cuando le cuente. (“¿Viste? ¿Qué te dije? No tenías que ir…” etc…)

Al mismo tiempo, reflexiono sobre cómo nos tomamos las cosas y lo que nos pasa cuando surjen obstáculos en nuestro camino.

Claro que podemos renegar, quejarnos o pensar que “no deberíamos haber” emprendido tal o cual cosa.

O podemos reírnos de lo imprevista que puede ser la vida.

De lo fantástico que así sea.

Llego al colegio, subo a tomarles exámen a mis chicos, a los cuales a lo largo del año les llevé tarjetas con mensajes positivos contando que son talentosos, inteligentes, que la vida los apoya y que pueden vivir libres, que merecen amor, todo lo bueno y que son suficiente.

No me gustan los exámenes, a ellos tampoco.

Yo quería estar en este día.

Mientras hacen el exámen, que era escrito, yo como mi almuerzo.

Comprobé que cuando se respetan las necesidades del otro, ellos no objetan cuando necesitamos que nos banquen las nuestras.

Yo nunca les prohibí comer en clase, lo cual supuestamente tengo que hacer.

Yo sólo les pido siempre que limpien y junten sus papeles. Ellos lo hacen.

Así que no objetaron cuando les expliqué que no había almorzado porque me había sentido mal y que comería en ese momento.

De todas formas, son unos divinos compasivos, abiertos y tiernos.

Todo fluyó, terminaron y yo me fui para casa.

Ni siquiera se me había ocurrido que el piquete de antes…seguiría, ahora en plena Panamericana y multiplicado.

Total que el colectivo fue a dos por hora un buen rato y terminamos llegando mucho más tarde de lo que se suele tardar. A mis oídos, les tocó escuchar todas las palabras que tanto extrañé en España, y mis pulmones respiraron el aire quemado con goma.

Ahí sí, me reí con todo. ¡Era demasiado buena la broma!

Llevaba conmigo los exámenes, que corregí (sí, queridos, sus profes han corregido y seguirán corrigiendo en los colectivos…o ¿sólo lo hago yo?) y seguí leyendo mi libro del momento sobre vendedores locos.

¡Ah! Para coronar el día, Matilda, mi gata tigresa, se metió de golpe debajo de la heladera y salió con un ratoncito en la boca…y sí, me subí a una silla después de pegar un estridente grito que me dejó la garganta rasposa cual estéreotípica mujer de película mediocre.

YO ELIJO CÓMO SENTIRME

Nada en mi día puede bajonearme si no lo dejo.

¿Cómo querés sentirte hoy?

Decidí y hacelo.

No permitas que nada te amargue.

Ahora, voy a juntar los popós que me dejó Frida en el living…

xox

Claudia