DÍA 73

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DÍA 73

MI VICTORIA

Hoy, queridos míos, la vida me trajo una situación perfecta para comprobar si estoy creciendo.

Basta con tener la intención de sanar un aspecto nuestro para que surja la oportunidad de comprobar si estamos realmente sanando.

Además, la vida me dio la oportunidad, una vez más, de ver más claramente dentro de mí misma.

Hace varios meses ya que dejé de trabajar con la dueña de una pequeña empresa que da clases de idiomas.

Después de varios episodios que no me gustaron, decidí dejar de colaborar con ella.

Nuestras maneras de ver las cosas, de trabajar y de tratar a las personas eran demasiado distintas.

Así que le di un aviso de varias semanas y concluyó nuestra relación laboral en buenos términos.

Para no alargar una historia tediosa, voy al grano: todavía me debe dinero.

Ya le había vuelto a escribir la semana pasada y hoy lo hice de nuevo.

Esta situación me causaba una gran frustración, como pueden imaginarse.

Después de mandarle otro correo más, hablo del tema con mi pareja, quien ya me había “acusado” varias veces de “dejarme pisotear”.

Lo cual nunca es agradable escuchar.

Por muy cierto que pueda ser.

Tal vez fuese muy simple para él verlo así desde fuera.

En mi mente, yo no había hecho nada malo y confiaba en que en algún momento se me pagaría lo debido.

“¿Por qué a mí si soy buena?”

Mi discurso de víctima impotente…nada lindo ni útil…yo lo sé y me dolió como una patada en el estómago darme cuenta de mi propia actitud.

Una.

Vez.

Más.

Me dolía en serio la panza y tenía ganas de vomitar.

Necesitaba hacer algo distinto.

Estaba MUY claro.

Una pregunta que le había hecho a mi pareja cuando sugirió que la amenazara con emprender acciones legales:

“¿Cómo voy a amenazar a alguien de algo que no pienso hacer?”

¿Llevo la integridad hasta límites que terminan perjudicándome?

Puede, sin embargo no creo que ese sea el problema.

Total que estoy frente a mi compu, acabo de terminar de mandarle otro e-mail a esta persona diciéndole que espero su transferencia esta semana, y por encima de la pantalla, mi compañero me reclama que sea más agresiva.

Sé que tiene razón.

Por mi propio bien, necesito, por lo menos, hacer algo más.

El se ofrece para llamarla.

No.

De ninguna manera.

Yo tengo que enfrentarme a esto.

Yo tengo que cuidar de mis propios intereses y no dejar que el otro “me salve”.

Sé que es una cuestión de conquistar miedos, limitaciones y de conectar con mi propio poder.

Para mí, es una cuestión de sentirme bien conmigo misma.

Lo más sagrado.

Agarro el teléfono.

Compruebo que no borré su número.

Bien.

La llamo.

Nerviosa.

Tratando de mantenerme fría sin llegar a ser agresiva.

Aún así, lo hago.

Conversación corta.

Le pregunto si leyó mi e-mail, a lo que me contesta que no, y le digo que necesito que deposite la plata que me debe en mi cuenta esta semana.

Cuelgo.

Todavía temblando un poco.

El me felicita.

Bueno.

En el estado en el que estoy, no disfruto de su apoyo a esta altura.

Vuelvo a mi compu y siento las lágrimas subir.

Me siento humillada.

Curioso…me siento humillada porque otra persona no cumple con su obligación.

Me siento humillada porque me toca luchar por lo que es mío.

Me siento humillada porque una persona querida me reprocha algo.

En ese mismo momento, decido que ya no voy a creerme la mentira de la humillación.

No tengo por qué sentirme humillada.

Es cualquiera.

Y no tengo ya ganas de sentir eso.

Y tampoco voy a llorar.

No voy a reaccionar como si fuese una nena impotente. 

Tomo aire.

Cambio mis pensamientos.

Nada de darme con un caño.

Nada de criticarme.

Empiezo a decirme palabras de apoyo y amorosas.

YO TE QUIERO

TODO ESTÁ BIEN

YO TE APRUEBO

Y respiro…respiro mucho.

Conecto con mi realidad ahora.

Conecto con mi cuerpo de mujer y no de niña.

Siento mis pies sobre la tierra.

Luego, me voya mi espacio sagrado.

Me siento frente al espejo.

Respiro, cierro los ojos, transformo la energía de la emoción que había sentido, y me miro a los ojos mientras me digo más palabras de apoyo.

Salí de ahí más poderosa, más grande, más yo misma y más sana.

Conquisté mi miedo.

Cambié mi reacción infantil por una reacción adulta.

Cambié mi humillación por mi aprobación.

Cambié mi impotencia por mi poder.

Toda una victoria.

xox

Claudia

(Por la tarde, tenía en mi casilla, un mail de esta persona diciéndome que me depositaría la plata antes del fin de semana…aunque, es realmente lo de menos finalmente : )

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DÍA 66

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DÍA 66

LA MUERTE IMPRESCINDIBLE

Esta mañana, me dio por pensar de nuevo en el porqué de mi poca energía estos últimos días.

La verdad es que no soy capaz de encontrarle una razón exacta.

Supongo que contribuyen varios factores.

El vértigo del cambio venidero, el cambio que ya está sucediendo y…

la muerte imprescindible.

Caí en la cuenta de que si bien, he hablado de renacer, omití el hecho de que para poder renacer, hace falta morir antes.

De chica, le tenía terror a mojarme la cara y ni hablemos de sumergirme en el agua.

Ni siquiera soportaba que me salpicaran en una pileta.

Mi tía se burlaba de mi miedo y mi padre pretendía sacarme el miedo tirándome al mar.

Tal vez haya funcionado para otras personas, pero a mí sólo conseguía asustarme más, y un día me enfurecí y en medio de la gente que poblaba la playa en verano, me colgué de la malla de mi padre con todas mis fuerzas con la firme intención de bajársela.

Funcionó.

¡Jajaja!

Nunca más volvió a tratar de meterme en el agua por la fuerza.

Hasta el día de hoy, nos reímos recordando ese episodio.

Finalmente, aprendí a nadar a los 9 años, con un tío mío que era un amor con nosotros y con quien habré sentido la confianza necesaria para meterme incluso debajo del agua.

No me pregunten como,pero un tiempo después, me di cuenta de que ya no recordaba como zambullirme.

Siempre me gustó nadar, pero sigo sin poder meter la cabeza sin taparme la nariz.

Hace unos días, vi la foto de una amiga que estaba bajo el agua y su comentario al pie de la foto decía que se encontraba en el dulce útero del universo.

Algo hizo clic dentro mío.

Las palabras dulce y útero parecían contradecirse para mí.

Luego, dándole un baño a una nena, descubrí que le pasaba lo mismo que a mí: necesitaba taparse la cara con algo seco mientras yo le lavaban el pelo.

Supe que necesitaba volver a trabajar con el agua y con sumergirme.

Recordé a un terapeuta primal que se quedaba sumergido durante minutos usando un tubo para respirar.

Recordé también una etapa mía en la que sentí la necesidad de sumergirme en mi bañera hasta las orejas para experimentar ese sonido y esa sensación tan única del agua.

Yo, lo asocié sin duda alguna a una necesidad de volver a la vivencia del útero materno.

Volver al vientre materno suena bien por un lado, y por otro, sospecho que no fue un lugar donde me sentí totalmente segura.

Tal vez, más que volver a aquel útero de mi madre, mi necesidad sea la de volver a nacer de un útero simbólico. (por lo menos, es factible… : )

Y… ¿qué tiene que ver todo este tema del agua con el de morir y renacer?

Todo.

Dicen que el mareo en barco es el miedo a la muerte.

Las palabras mar y madre suenan igual en francés.

Nuestro origen parece ser el mar.

El agua es imprescindible para nuestra vida.

El agua cambia, transforma, crea, nutre y destruye.

Esto últimos días en los que siento mi energía floja sumados a este nuevo impulso de sanar mi relación con el agua me hacen decir que estoy experimentando

mi muerte imprescindible

para poder

renacer.

xox

Claudia

DÍA 8

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DÍA 8

RENACIMIENTO

Entre ayer y hoy, tuve que rendirme a lo que se está haciendo evidente.

Después de pensar que me falta fuerza de voluntad o disciplina, que no logro respetar lo que me propongo y que estoy con la energía floja, me di cuenta de lo que realmente me  está pasando.

A lo largo de este año, sentí varias veces algo que nunca antes había sentido.

Sentí deseos de no existir.

En ningún momento tuve ganas de quitarme la vida ni de morirme realmente. Simplemente un deseo de fundirme con los árboles a mi alrededor y de dejar de ser yo.

Me sucedía en momentos en los que estaba afuera, en mi parque, justamente rodeada por la naturaleza y altos árboles.

No era melancólico ni triste, ni violento.

Curiosamente, o no, tengo que contarles que este año estamos viviendo en una casa que se llama RENACIMIENTO.

Es cierto que, más allá de haberme mudado de nuevo a un lugar que despierta en mí muchas emociones y mis miedos más primales, han pasado cosas en mi familia más cercana que me han afectado. (Me encantaría contarles, pero como se trata de otras personas, prevalece mi necesidad de respetar su intimidad. )

¿LO QUE ME PASA ES DE VERDAD LO QUE PARECE?

Así que, parecería que tuve un año flojo en el que no consigo despegar y mis planes y objetivos quedan prácticamente en la nada.

Algo no me cuadra.

Trato una y otra vez de salir de ese estado en el que parece vuelvo a “caer”.

Algo entre una sensasión vertiginosa de que el tiempo pasa y no consigo hacer tiempo para lo que de verdad quiero y una sensación de no saber por donde empezar y de gran impotencia.

Ahora, con mi plan de 90 días que arranqué y sigo con gran entusiasmo y pasión, se hace evidente que hay algo más.

Hay algo más profundo.

Esto últimos días, se está haciendo evidente que las resistencias son enormes y creo saber por qué.

NECESITO SOLTAR Y DEJAR MORIR CIERTAS COSAS EN MÍ PARA PODER RENACER Y SER QUIEN YO REALMENTE SOY.

Necesito morir como la impotente hermanita pequeña que hace caso de lo que todos quieren, obedece y no reclama lo que le corresponde por miedo a no ser querida.

Si no, no hay forma. No puedo planear mi vida con poder y decisión si me está tirando de la falda esa pequeña impotente y complaciente.

En otras palabras: me toca crecer.

Y mucho.

ME DOY PERMISO PARA CRECER Y SER LA PERSONA PODEROSA QUE REALMENTE SOY

Y me toca arriesgarme a que no les guste mi cambio a las personas que más quiero.

Por eso este tipo de cambios resulta difícil de llevar adelante.

Equiparo el cambiar con que dejen de quererme. Mi mente racional sabe que no lo harán, pero mi niña cree que sí.

No hace falta explicarles lo aterrada que estoy y lo perdida que me siento.

Sin embargo, es imprescindible para mí morir para renacer si de verdad quiero

cambiar mi Vida en 90 días.

xox

Claudia