DÍA 70

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DÍA 70

ME DUELE MI PAÍS

Anoche, me di cuenta de que estaba enojada con algo que jamás hubiese creído siquiera posible.

Lo escuché de otras bocas y fui testigo de la tremenda pena que llevan encima otros muchos.

La desesperanza, la desilusión, y por encima de todo, la falta de sentido que parecen tener ciertas vivencias.

La falta de sentido entre tanto dolor y tanta pérdida.

Si pudiese volver al pasado, les diría al oído a mis padres que no lo hagan, que ni siquiera lo intenten.

Les diría que las consecuencias de su trabajo serían tristemente inútiles y profundamente dolorosas.

¿Cuántas veces se puede perder en una misma vida?

Aprendí que muchas más de las que creía.

Hoy, comparto mi dolor así, tal cual, crudo.

Y elijo este espacio, mío y bajo las miradas de todos ustedes, para transformarlo.

¿Sería más apropiado guardarme mi parecer y mi sentir porque este es un tema “delicado”?

Me da igual. 

Anoche, me di cuenta de que estaba enojada con mi país.

Es muy muy loco. 

¿Cómo se puede estar enojada con un país entero?

Sin embargo es lo que sentí y lo que sigo procesando hoy.

Es evidente que algo tiene que salir y que tiene todo que ver con mis sensaciones de pérdida, de abandono y de derrota, que vuelven a surgir al vivir de nuevo acá. 

Cuando veo un pueblo de personas ahogadas por los miedos , desconfiando de los demás y creando razones, al mismo tiempo, para que se desconfíe de ellas…mi parte herida grita.

¿De verdad mis padres se arriesgaron a la muerte, a la tortura, a la prisión, a tanta violencia…por esto?

¿De verdad llevo casi 40 años sanando heridas que me duelen a diario…por esto?

¿De verdad perdimos a miles de personas, tenemos familias rotas, muertos y desaparecidos, adultos que no saben quienes son…por esto?

Cuando digo “por esto”, no hablo de gobiernos, sino que hablo de personas.

Porque creo que los gobiernos cambian y varían, hacen cosas bien y otras mal, hay algunos que nos gustan más o menos, y suele ser según sintamos que se cubren nuestras expectativas.

Lo que a mí más me interesa, no son los gobiernos, sino las personas.

Porque ellos son unos pocos y el pueblo somos millones.

Lo que más importa es como nos tratamos los unos a los otros a diario.

Eso es lo que me interesa a mí.

Estamos todos afectados y pagamos todos las consecuencias, incluso los que creyeron mirar hacia otro lado y ser indiferentes.

Incluso los que justifican la violencia.

Obvio que la violencia es justificable hasta que nos toca a nosotros, porque, que yo sepa, nadie desea la violencia para sí mismo.  ¿O sí?

Las consecuencias de la violencia en nuestra sociedad, que siempre hubo y sigue habiendo, las pagamos a golpe de autoestima.

Cada vez que miramos para otros lado, cada vez que justificamos la violación de los derechos de las personas, cada vez que nos creemos mejores que nuestro vecino… le damos un serio golpe a nuestra autoestima, como individuos y como país.

La falta de ética es sólo un síntoma de falta de autoestima.

El miedo es falta de autoestima.

El sentirnos inseguros, sin poder ni confianza, el criticar constantemente al “otro”, son todos signos de falta de autoestima.

La carencia de compasión y de identificación con el otro, es falta de autoestima.

Afortunadamente, creo que cada vez mejora la autoestima de las personas que habitan este país y el planeta

Mejorar la mía es una gran motivación para contribuir a una sociedad más sana.

Me duele mi país porque me importa.

Así como les importaba a mis padres.

Cuando hablo de mis padres, hablo de todos los demás como ellos y cuando hablo de mí, hablo de todos los demás como yo.

Yo soy una pequeña parte de un todo. Yo soy todos.

No hay yo sin ustedes ni ustedes sin mí.

Hoy, convierto mi enojo en compasión, mi dolor en amor, y les pido a los que estén leyendo que hagan lo mismo.

Por respeto hacia nosotros mismos.

Por respeto a cada niño nacido en este suelo.

Por respeto a todos los que murieron.

A los que fueron torturados.

A los que enfermaron.

A los que más perdieron… no dejemos que haya sido en vano.

Tengamos compasión con nosotros mismos y con los demás.

Jamás permitamos que meras opiniones ideológicas, políticas y partidarias nos separen de nuevo ni nublen nuestra visión acerca de lo que se puede y lo no se debe hacer JAMÁS.

¿O acaso te gustaría que violen tus derechos humanos mientras los demás miramos hacia otro lado?

xox

Claudia

Un artículo muy interesante acerca de la dictadura cívico-militar de 1976- 1983 en Argentina y sus consecuencias.

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DÍA 50

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DÍA 50

¡JA!

Hoy me tocó trabajar el tema de el enojo.

Este es un gran tema para mí.

Enojarme es como un reflejo ante muchas situaciones y personas en mi vida.

Un reflejo como es el de dar una patada cuando nos golpean la rodilla.

Es un mecanismo que se dispara sin que me dé tiempo a reflexionar.

No solo eso.

Sino que además, no expreso mi enojo.

Me lo trago.

O me lo tragaba, porque cada vez me sale mejor lo de poder comunicar si estoy enojada o si algo me molesta y he adoptado métodos para sacar este enojo afuera de forma sana para que no se aloje en mi cuerpo.

Hago almohadoterapia.

Escribo y expreso mi enojo con palabras.

Bailo.

Canto.

Grito con la cara hundida en almohadas.

Respiro.

Medito.

Me doy Reiki.

Lo que funcione para sacármelo de encima.

Últimamente, estoy logrando comunicar y decirle al otro: “Estoy enojada por tal cosa.”

Total que hoy, me tocó trabajar el enojo con el libro de Louise Hay.

No es la primera vez que lo hago, trabajé con mi rabia y mi enojo muchas veces a través de los años.

Hice mucho por soltar y cada día consigo acumular menos y además, deshacerme del enojo viejo.

Ese enojo de hace años, de cuando era chica. Cada día queda menos, y es una bendición.

Cada día consigo expresarlo mejor, y también es una bendición.

La mayor bendición sigue siendo el que poco a poco no me enoje más por cosas que no lo merecen. (Si es que algo merece que nos enojamos : )

El aprobarme yo y no esperar la aprobación del otro me ayudó a no tomarme las cosas tan a pecho y el no tomarme las cosas a pecho, resulta en menos enojo.

Cada vez me fui riendo más de mí misma. Lo cual resultó en poder reirme mucho más de lo que otros dicen o piensan de mí.

Me fui queriendo y aceptando más.

Es obvio que esto resulta en enojarme menos conmigo misma, con otros y con la vida. FABULOSO.

Ahora, lo que más tengo ganas de contarles en mi DÍA 50 (¡clap clap!), es el descubrimiento que hice hoy.

Trabajando con mi enojo por enésima vez.

Me di cuenta que me enojo cuando algo me duele.

¡Ja!

Ahora que lo escribo, parece obvio.

Tiene todo el sentido del mundo, y sin embargo, me llevó mucho tiempo comprenderlo a un nivel tan profundo como me sucedió hoy.

Comprenderlo en mis entrañas, en mi corazón y en mi mente.

¡Ja!

Por eso, les pido: nunca dejen de trabajar un tema que les pesa, aunque tengan la sensación de seguir trabajando lo mismo una y otra vez.

Nunca, JAMÁS, se cansen de trabajar por estar mejor, por ser más felices, por vivir más livianitos.

Me enojo cuando algo me duele.

O sea que no existe un enojo real.

Sino que lo que hay es un corazón sensible que se siente dolido.

Aprendió a expresarlo como enojo, pero no es lo que hay en el fondo.

Y yo que creí, durante tanto tiempo, que era una personita enojada y enojadiza.

Resulta que soy una personita sensible a la que le cuesta mostrar su sensibilidad.

¡Ja!

FABULOSO.

xox

Claudia