DÍA 20

 

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DÍA 20

HOY ME CENTRO EN MI PROPIO CORAZÓN+OJO CON LA ONDA EXPANSIVA

Desde chica, siempre fui muy sensible.

Además de sensible, creo que le he dado demasiada bola a lo que sienten las personas a mi alrededor, lo que dicen y cómo actúan.

Me fui dando cuenta, según pasaba el tiempo, de que no todo el mundo era así y empecé a admirar a las personas que tenían la capacidad de no dejarse afectar por lo que pertenece al otro.

Admirar y emular.

O intentarlo.

Me parece que esta capacidad es imprescindible en la convivencia con otras personas y además, se trata de darle más bola a lo que yo misma pienso, a lo que yo creo y a lo que yo quiero.

 

Dejar de darle más peso a lo que el otro piensa de mí y poner en primer lugar lo que yo misma pienso de mí.

(No es lo que nos enseñaron en general, tal vez por eso nos cuesta llevarlo a la práctica.)

Me cuesta mucho volver a mi propio bienestar interior cuando el que está a mi lado está enojado, contrariado, irritado…y más si es conmigo.

¿NOS DEBEMOS ALGO?

Se me hace todavía más difícil si siento que le debo algo al otro.

Entonces, se crea toda una maraña de pensamientos y emociones tóxicas.

Al fin y al cabo, ¿acaso le debemos algo a alguien o alguien nos debe algo?

Yo creo que no.

Si lo que yo hago, lo hago porque elijo hacerlo y tomo la decisión libremente, entonces, las consecuencias son mías y solo mías.

Lo mismo con lo que vos decidís hacer.

¿QUÉ HAGO?

1-      Repito en mi cabeza: YO ME APRUEBO. YO TE QUIERO TAL COMO SOS. TODO ESTÁ BIEN EN MI MUNDO. TODO ESTÁ BIEN. O bien, repito un Mantra. Esto irá cambiando mi energía.

2-      Respiro hondo. Me pongo una mano sobre el corazón y tomo aire.

3-      Me concentro en alguna actividad.

Como lo que estoy haciendo en este momento.

Que nos afecte negativamente lo que siente o piensa otro, no tiene nada que ver con la empatía ni ayuda a nadie en nada.

Volvamos al bienestar de nuestro propio corazón y mandémosle amor a la otra persona para que también pueda volver a conectar con su bienestar.

En eso estoy ahora, en mi día 20.

¡Ah! Y lo de la onda expansiva es porque cuando una está en pleno proceso poderoso de sanación, todo a nuestro alrededor se ve afectado.

Por eso vale tanto la pena el trabajar para sanar.

¡Gracias a todos y cada uno por acompañarme!

No podría hacer esto sola.

xox

Claudia

DÍA 3

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DÍA 3

ARMONÍA Y GALLINITAS

Anoche dormí mucho, demasiado de hecho.

Nos fuimos a la cama temprano porque no había electricidad y a la luz de las velas, empecé a leer el primer tema que propone trabajar Louise Hay en “Usted puede sanar su vida”: las relaciones.

TODAS MIS RELACIONES SON ARMONIOSAS

Soñé que Mercedes (nuestra gallina que se comió uno de los perros del vecino) volvía y estaba viva.

Me suele pasar cuando duermo de más, tengo sueños raros.

Ayer se cumplió una semana desde que nos dejó, y la extraño.  

En mi segundo día, cumplí con mi programa básico.

¡Bien!

Hice media hora de la rutina básica de Yoga Ashtanga, hice una meditación guiada de 20 minutos y repetí y escribí mi afirmación

CADA DÍA ME ORGANIZO MEJOR.

Lo cual, necesito mejorar.

Ayer, sentí que pasé demasiado tiempo frente a la compu entre escribir en el blog, editar la foto y compartir todo esto. Quiero aprender a manejar estos tiempos más eficientemente, así que si alguien tiene trucos y técnicas, compartan por favor.

Gracias.

YO TE QUIERO

En todos estos meses de mi noche oscura del alma, me he sentido bloqueada.

Prácticamente no me he comunicado con mis amigas de España, que son las que dejé al volverme para Buenos Aires, y que eran mis hermanas allá.

Mi familia creada.

Las extrañé y las sigo extrañando muchísimo. Por dentro gritaba “¡las quiero, las necesito las extraño!” y mi voz no salía. Las veces que les escribí, les dije todo esto, pero sé que no tendrán ni idea de lo duro que fue y que es no tenerlas cerca.

La separación y la lejanía siempre formaron parte de mi vida.

Con dos años supe lo que era vivir sin papá y mamá y tener que ir a visitarlos a la cárcel y hablarles desde el otro lado de un vidrió.

También me tocó vivir sin mi hermana y mi hermano, ya que yo quedé al cuidado de mi abuela y ellos vivieron con mi tía.

Después, cuando salieron de la cárcel, nos fuimos los cinco para Francia, a miles de kilómetros de la familia que nos había cuidado acá, en Buenos Aires.

Suelo contar todo esto sin mucha emoción.

Porque ya lo repetí muchas veces.

Porque no tengo ganas de sentir siempre y también porque mucha de la tristeza ya la lloré.

Sin embargo hoy, siento el dolor de nuevo.

A estas alturas de mi vida, sigue habiendo tanta distancia que una parte de mí duda seriamente de que se puedan sanar ciertos lazos.

Claramente, con lo que me ha tocado lidiar a lo largo de mi vida, es con la sensación de abandono, y qué jodidamente difícil es dejar de creerme abandonada!

Dialogo yo conmigo y me explico que no es así, que nadie me abandonó, nunca.

¡Mi yo herido no se lo cree un carajo!

¿Cómo sé que no se lo cree?

Lo veo en mis relaciones.

Lo que algunos tachan de frialdad, es en verdad mi mecanismo de protección ante cualquier posibilidad de ser abandona de nuevo.

Por eso, comprendo a mis clientas cuando me expresan su dolor.

Lo sé. Lo siento.

Y también sé que se puede sanar.

Porque he sanado una buena parte ya y porque estoy convencida de que es posible y de que lograré siempre sanar más.

Para mí, es el trabajo de toda mi vida.

No se trata de poner fecha para sanar algo, sino de saber que puedo, y que todos podemos, sanar cada día un poco más.

Ahora, les voy a contar como uno manifiesta en su vida lo que cree.  

Siendo yo el experimento en cuestión, voy a usar mi propio ejemplo.

Así funciona:

Yo me siento abandonada= me siento rechazada

Me siento rechazada= creo que nadie me quiere

Creo que nadie me quiere= saco la conclusión de que no soy querible

Saco la conclusión de que no soy querible= creo que no le intereso a los demás

Creo que no le intereso a los demás=me cuesta horrores atraer amistades, público, clientes y nadie de mi familia me visita en 13 años en España y mi familia de Buenos Aires y Mar del Plata prácticamente no me viene a ver, ahora que vivo cerca. 

En mis relaciones, sobre todo con mi familia, suelo ser yo la que tiene que llamar, escribir y acercarme a verlos.

Está bien, pongamos que un porcentaje le pertenece al otro. Después de todo, gran parte de mi familia suele funcionar de una manera distante.

Aun así, y haciéndome cargo de mi propia experiencia, si observo esto fríamente, creo que es mi propia creencia la que se manifiesta.

Al no recibir esas visitas que tanto deseo y tan importantes son para mí (mi creencia es: visita de mi familia=amor/aceptación/interés) mi creencia cobra más fuerza. (¿Ves? Te lo dije, nadie nos quiere! Ese es mi ego hablando y dándole más fuerza a mi creencia negativa).

Y entonces ¿cómo sano?

Si mi niña (yo de chica, mi esencia) fue la que se sintió rechazada y la que está herida, entonces, a ella es a quien tengo que sanar.

Mi yo adulta tiene que maternarla y darle la aceptación, la atención y el amor que necesita.

SANAR A LA NIÑA

1-   Dejo que exprese su dolor.

Creo un espacio seguro donde pueda expresar sus emociones. Yo tengo sesiones en las que conecto con mi niña (puede ser dialogando por escrito,en voz baja o en mi cabeza, en el espejo, mirándome a los ojos) y le pregunto qué le duele.

(Cuando sentimos que algo nos pasa y no sabemos qué es, les aseguro que su niño tendrá la respuesta.) 

Me tomo el tiempo de sentir y dejar que exprese lo que sea, enojo, (ver almohadoterapia) tristeza…dolor. La dejo expresar lo que sienta de una manera segura.

Esto es imprescindible.

No se puede con la mente aliviar la energía de una emoción.

Si hay emociones que necesitan salir, hay que dejarlas salir físicamente.

2-   Cuando siento miedo o vuelve el pensamiento “nadie me quiere”, explicarle con cariño, paciencia y delicadeza, que no es así, que es solo un pensamiento y no la verdad.

También hablarle de todas las demostraciones de amor que hemos recibido y recibimos a lo largo de nuestra vida. (No es esquizofrénico hablar de mi en plural, es una realidad que tenemos varias partes y capas de pensamiento, ¿o no?)

3-   Yo te quiero.

Decírselo, decírmelo, frente al espejo, escribirlo, grabarlo y escucharlo de noche, con una mano en el corazón y respirando, abrazando un peluche o almohada, mirando una foto de cuando era chica… Yo sí te quiero mi chiquita hermosa.

El trabajo con la niña interior es fascinante, poderoso y tremendamente sanador. Además, nos permite conectar con nuestra intuición, nuestra creatividad y nuestra sensibilidad.

Ahora, los dejo para ir a decirle a mi niña que yo sí la quiero y mucho y que es la relación más importante de mi vida.

Claudia