DÍA 88

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DÍA 88

CAMBIA TODO CAMBIA

Aceptar el cambio es clave para vivir felices y contentos en esta vida.

Todos conocemos a alguna persona que se resiste a algo que sucedió en su vida y sigue apenada por algo de su pasado.

Todos sabemos, cuando lo vemos en otros, que soltar el pasado, dejar de aferrarnos, llorar nuestro dolor y pasar a otra cosa es imprescindible para estar bien hoy.

Existen todo tipo de cambios.

Muchas veces, decimos querer cambiar y no nos terminamos de atrever a llevar adelante esos cambios.

Otra veces, lo hacemos y no siempre los resultados son los que creíamos.

Además de nuestras propias decisiones de cambiar, está la vida, que en sí es cambio.

Muchos solemos tener grandes resistencias al cambio.

Lo familiar nos parece bueno e incluso lo mejor para nosotros, aún cuando no nos llena el corazón.

Cambiar puede llevarnos tiempo, puede requerir un esfuerzo por nuestra parte.

Puede hacernos sentir vulnerables, torpes y perdidos.

Aún así, siempre vale la pena.

Cambiar lo que no nos gusta, lo que ya no nos sirve o no nos aporta nada.

Cambiar lo que nos hace daño, o que nos hace sentir estancadas o cambiar simplemente para crecer.

Existen los cambios paulatinos y los cambios bruscos.

El único ingrediente que puede traernos sufrimiento en un cambio, es la resistencia al mismo.

Los cambios dolorosos existen.

Alguien muere, alguien enferma, nos separamos.

Sin embargo, sufrir por un cambio es una elección.

Que sea una decisión ese cambio o algo que nos sucede de repente, siempre podemos

parar

respirar

sentir nuestro corazón latir acá y ahora

y decirnos que

SOLO ES UN CAMBIO

xox

Claudia

DÍA 87

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DÍA 87

AMEMOS ESTE MUNDO

Hoy, mientras volvía para mi casa, pensaba en esto de creernos mejores o condenar a otros por considerar que vivimos de una manera mejor o más elevada.

Bastantes veces, he visto y oído condenas y separaciones establecidas por preferencias, por estilos de vida, por partidismos.

Muchas veces he leído “yo soy mejor que vos” escondido detrás de adjetivos descalificadores.

Puede suceder entre nacionalidades distintas, fanáticos de equipos de fútbol, vegetarianos, veganos y carnívoros, activistas de la crianza con apego y sin él…puede manifestarse en cuanto tema uno toque.

Lo que veo, muy seguido es un intercambio estéril de opiniones apasionadas. Un monólogo a dos voces simplista y donde el interés por entender al otro es inexistente.

Cada vez que soy testigo de esto, o incluso, que participo, me pregunto:

“¿Qué parte mía necesita relajarse y saber que no es mejor que otros por sentir como siente y por creer lo que cree?”

Esta pregunta me ahorra entrar en conversaciones desnutridas y terminar sintiéndome vacía.

Ayer, mientras pasaba delante de una carnicería, vi de nuevo la pintada que dejaron en sus puertas:

“Asesinos. Go vegan”

Me parece genial el no consumir animales que son tratados como meras cosas para servirnos a nosotros, los humanos.

Creo que si todos dejáramos de comer carne, muchas cosas en el mundo cambiarían, entre ellas, la supuesta falta de alimentos para ciertas zonas del planeta.

Supuesta, porque la realidad es que tenemos comida de sobra.

No hace falta más comida. Hace falta más amor.

Más amor por nosotros mismos, por el otro, por nuestro mundo.

En mi opinión, las personas que más contribuyen a la paz no son aquellas que luchan por la paz.

Son aquellas que viven en paz.

No suelen ser los que más ruido hacen, sino los que, desde su lugar en el mundo, respiran paz para sí mismos y su alrededor.

Vivir en paz significa aceptar, comprender y tener compasión.

No creo que signifique querer modificar o cambiar todo a nuestro alrededor.

Los que comprenden lo que es la paz, la llevan dentro y no pretenden que otros lo hagan.

Simplemente, lo hacen.

Yo no soy mejor ni peor si como carne o no, si reciclo o no, si me desplazo en bicicleta o no.

No hay diferencia entre vos y yo.

Somos lo mismo y parte de una misma cosa.

Expresamos distintas facetas de la misma persona.

ACEPTO Y AMO ESTE MUNDO TAL COMO ES

Hay muchas cosas que muchos de nosotros sabemos pueden ayudar a cambiar este mundo para bien.

Sin embargo, la más importante es

aceptar y

amarlo tal como es.

xox

Claudia

DÍA 72

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DÍA 72

NADA COMO VERLO

Hoy tuve el privilegio de ver, de nuevo, cómo funcionan el resentimiento y la resistencia al perdón.

Mi clienta me habló de una persona que había hecho algo que había perjudicado a su padre.

Ella estaba muy enojada, la energía que desprendía cuando hablaba de esta persona era increíble.

Sentía de verdad que podría matar a esta persona.

Y no me malentiendan.

La entiendo.

He sentido ganas de hacer daño a personas que me lastimaron…pero sé que ni funciona, ni me sentiría bien y además, creo que todo vuelve y lo último que quiero es atraer violencia o dolor a mi vida.

¿Es injusto lo que “nos hicieron”?

Puede que sí.
Puede que no.

Según se mire, según nuestra creencia y nuestro criterio, algo puede parecer justo o injusto.

Y no somos ni jurado ni jueces para encargarnos de que se haga justicia en la vida ajena.

Solemos agarrarnos del resentimiento y negar el perdón cuando sentimos que se cometió una injusticia.

Ese es el juicio que emitimos y con el cual defendemos nuestro enojo.

Sentimos que tenemos razón, que la justicia está de nuestra parte.

Es evidente ¿no?

Yo también he sentido eso.

A mis ojos, era evidente que lo que la otra persona había hecho era terriblemente injusto.

He dejado amistades.
He denunciado amenazas.
He expresado mi dolor.

En ningún caso, diría que lo que “me” pasó fue injusto.

Es más, diría que yo atraje los episodios desagradables o dolorosos de mi vida.

He de admitir que las relaciones que terminaron con un sabor amargo, fueron relaciones en las cuales yo había detectado señales de abuso, desinterés o diferencias de criterio demasiado grandes.

Decidí quedarme.

Decidí creer y confiar más allá de lo que me contaba mi corazón.

Me quemé.

Y soy responsable de haberme quemado.

Por mucho que en el momento haya sentido la tentación de culpar a la otra persona.

Por muy injusto que me haya parecido lo sucedido.

Justamente, una de las personas que actuaron de una forma que me resultó dolorosa, ella misma me dijo la frase que se terminaría cumpliendo como una profecía:

“El que con niños se acuesta, mojado se despierta.”

Ella solía repetir estas palabras.

No escuché la señal.

Solemos anunciar lo que tenemos toda la intención de hacer.

Las señales de una relación que no nos conviene, suelen manifestarse bastante pronto.

Puedo dar fe de esto.

¡Jajaja!

Si elegimos seguir adelante y quedarnos, entonces, no podemos culpar al otro.

No tiene sentido seguir castigándonos ahora por habernos equivocado en el pasado.

APRENDO DE CADA EXPERIENCIA Y SIGO MI VIDA CON ALEGRÍA

El perdonar nos libera a nosotros.

Recordemos esto siempre.

El perdón es para nosotros.

Al otro, le da igual.

El otro sigue con su vida.

Los que nos quedamos con ese veneno corriendo por nuestras venas, somos nosotros.

El perdón nos libera.

Corta las cadenas que nos siguen atando a esa personas.

¿Tiene algún sentido seguir lastimándonos porque alguien nos lastimó?

¿Tiene sentido seguir castigándome porque otra persona hizo algo que me dolió?

No.

Claro que no.

Perdonar.

Perdonar y perdonar.

Todas la veces que sean necesarias.

Perdonar para liberarnos de las ataduras del pasado.

Perdonarnos a nosotros mismos por aquellas decisiones que terminaron exponiéndonos a situaciones dolorosas.

Perdonar.

Siempre.

xox

Claudia

DÍA 70

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DÍA 70

ME DUELE MI PAÍS

Anoche, me di cuenta de que estaba enojada con algo que jamás hubiese creído siquiera posible.

Lo escuché de otras bocas y fui testigo de la tremenda pena que llevan encima otros muchos.

La desesperanza, la desilusión, y por encima de todo, la falta de sentido que parecen tener ciertas vivencias.

La falta de sentido entre tanto dolor y tanta pérdida.

Si pudiese volver al pasado, les diría al oído a mis padres que no lo hagan, que ni siquiera lo intenten.

Les diría que las consecuencias de su trabajo serían tristemente inútiles y profundamente dolorosas.

¿Cuántas veces se puede perder en una misma vida?

Aprendí que muchas más de las que creía.

Hoy, comparto mi dolor así, tal cual, crudo.

Y elijo este espacio, mío y bajo las miradas de todos ustedes, para transformarlo.

¿Sería más apropiado guardarme mi parecer y mi sentir porque este es un tema “delicado”?

Me da igual. 

Anoche, me di cuenta de que estaba enojada con mi país.

Es muy muy loco. 

¿Cómo se puede estar enojada con un país entero?

Sin embargo es lo que sentí y lo que sigo procesando hoy.

Es evidente que algo tiene que salir y que tiene todo que ver con mis sensaciones de pérdida, de abandono y de derrota, que vuelven a surgir al vivir de nuevo acá. 

Cuando veo un pueblo de personas ahogadas por los miedos , desconfiando de los demás y creando razones, al mismo tiempo, para que se desconfíe de ellas…mi parte herida grita.

¿De verdad mis padres se arriesgaron a la muerte, a la tortura, a la prisión, a tanta violencia…por esto?

¿De verdad llevo casi 40 años sanando heridas que me duelen a diario…por esto?

¿De verdad perdimos a miles de personas, tenemos familias rotas, muertos y desaparecidos, adultos que no saben quienes son…por esto?

Cuando digo “por esto”, no hablo de gobiernos, sino que hablo de personas.

Porque creo que los gobiernos cambian y varían, hacen cosas bien y otras mal, hay algunos que nos gustan más o menos, y suele ser según sintamos que se cubren nuestras expectativas.

Lo que a mí más me interesa, no son los gobiernos, sino las personas.

Porque ellos son unos pocos y el pueblo somos millones.

Lo que más importa es como nos tratamos los unos a los otros a diario.

Eso es lo que me interesa a mí.

Estamos todos afectados y pagamos todos las consecuencias, incluso los que creyeron mirar hacia otro lado y ser indiferentes.

Incluso los que justifican la violencia.

Obvio que la violencia es justificable hasta que nos toca a nosotros, porque, que yo sepa, nadie desea la violencia para sí mismo.  ¿O sí?

Las consecuencias de la violencia en nuestra sociedad, que siempre hubo y sigue habiendo, las pagamos a golpe de autoestima.

Cada vez que miramos para otros lado, cada vez que justificamos la violación de los derechos de las personas, cada vez que nos creemos mejores que nuestro vecino… le damos un serio golpe a nuestra autoestima, como individuos y como país.

La falta de ética es sólo un síntoma de falta de autoestima.

El miedo es falta de autoestima.

El sentirnos inseguros, sin poder ni confianza, el criticar constantemente al “otro”, son todos signos de falta de autoestima.

La carencia de compasión y de identificación con el otro, es falta de autoestima.

Afortunadamente, creo que cada vez mejora la autoestima de las personas que habitan este país y el planeta

Mejorar la mía es una gran motivación para contribuir a una sociedad más sana.

Me duele mi país porque me importa.

Así como les importaba a mis padres.

Cuando hablo de mis padres, hablo de todos los demás como ellos y cuando hablo de mí, hablo de todos los demás como yo.

Yo soy una pequeña parte de un todo. Yo soy todos.

No hay yo sin ustedes ni ustedes sin mí.

Hoy, convierto mi enojo en compasión, mi dolor en amor, y les pido a los que estén leyendo que hagan lo mismo.

Por respeto hacia nosotros mismos.

Por respeto a cada niño nacido en este suelo.

Por respeto a todos los que murieron.

A los que fueron torturados.

A los que enfermaron.

A los que más perdieron… no dejemos que haya sido en vano.

Tengamos compasión con nosotros mismos y con los demás.

Jamás permitamos que meras opiniones ideológicas, políticas y partidarias nos separen de nuevo ni nublen nuestra visión acerca de lo que se puede y lo no se debe hacer JAMÁS.

¿O acaso te gustaría que violen tus derechos humanos mientras los demás miramos hacia otro lado?

xox

Claudia

Un artículo muy interesante acerca de la dictadura cívico-militar de 1976- 1983 en Argentina y sus consecuencias.

DÍA 64

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DÍA 64

MIS MUNDOS

Se acerca otro cambio en mi vida.

Nos mudamos.

Hace un par de días, ya dimos el aviso de que nos estaremos yendo en 60 días.

Desde que dejé mi departamento en Madrid en el 2010 para irme de gira por Argentina con “Oíd Mortales”, no he vuelto a vivir en un lugar por más de un año a la vez.

Sentía que así sería y estaba preparada.

Viví 4 años en el mismo departamento, mi tiempo máximo desde que tenía 15 años y dejamos nuestra casa de 10 años en Francia para mudarnos a Canadá.

Quedarme 4 años en un hogar fue todo un logro del cual estoy muy orgullosa.

Quería demostrarme que era capaz de crear esa estabilidad para mí misma.

Una vez que lo hice, estaba lista para retomar la ruta.

Tengo un gusto profundo por moverme.

No tengo ningún interés en quedarme en un mismo lugar por el resto de mi vida.

Me interesa mucho más la experiencia de crear nuevos hogares, amistades y descubrir nuevos mundos.

Desde que nací, he vivido en más de 27 hogares, sola, con parejas, familia, amigos, animales y plantas, en Misiones, Buenos Aires, Paris, Calgary, Montreal, Boston, Madrid y Bilbao.

Me considero bendecida por estas experiencias y la oportunidad de vivir en distintos lugares.

Muchas veces, me preguntan cual es mi lugar preferido…

¿Como podría elegir uno si mi corazón sigue latiendo en cada uno de ellos?

Los amo a todos.

A lo que aspiro es a poder dar tanto como me han dado a mí estos lugares y sus habitantes.

Llevo casi un año viviendo en un lugar rodeado de árboles, verde, con caballos por vecinos, una chinemea que nos dió calor y la danza del fuego en invierno y espacio para invitar a toda la gente que nos dió la gana, vecinos, familia y amigos.

Fue, y sigue siendo, una experiencia fabulosa.

Yo siempre había vivido en departamento en la ciudad.

Vivir en un barrio parque donde respiro aire puro, me levanto a ver el amanecer en mi propio parque y puedo aullar a la luna llena disimulándome en la noche, ha sido y es un regalo divino.

Un regalo manifestado en gran parte gracias a mi hermosa pareja.

Vivir acá es un sueño hecho realidad y él es la estrella principal de este sueño que pudimos cumplir juntos.

En menos de dos meses, volvemos a la ciudad.

Un paraíso muy distinto a este.

Un lugar donde podremos cumplir otros sueños.

Yo, un bicho tremendamente social, podré ver más personas.

Extrañaré a los caballos, claro, y ellos a nosotros y sobre todo sospecho que a las zanahorias y el pasto que les damos.

Podré  asistir a más clases, de yoga, de tango, de lo que la vida ponga en elcamino para expandir mi conciencia, divertirme y desarrollarme.

Podremos ir al cine, salir a tomar un café, a descubrir lugares en la ciudad.

Podremos cruzar la calle a comprar cualquier cosa que nos haga falta. (y no tener que agarrar el auto para salir del barrio hasta el negocio más cercano ¡¡sí!!)

Va a ser un cambio enorme. Extrañaremos muchas cosas y disfrutaremos de otras tantas.

Habrá ajustes, aprendizaje, adaptaciones y desafíos.

Así es la vida y por eso es fascinante, según lo veo yo.

Soy amiga del cambio.

SOLO ES UN CAMBIO. TODO ESTÁ BIEN EN MI MUNDO.

Mientras tanto, disfruto de mi hermosa y espaciosa casa, del parque y de los caballos, del aire puro y el canto de los pajaros por la mañana…

…y le empiezo a tirar buena onda a nuestra mudanza.

xox

Claudia