Día 73 Los días raros

Hay días que son… raros. Hay una energía… rara.

Leeeennnnntaaaa…

Chicloooooosaaaaa… casi pegajosa… como que te tira para atrás… o tal vez tira hacia la cama…ojalá pudiera quedarme en la cama.

Hoy hubiese sido un día para quedarme en la cama.

Yo: cansada. El día: frío. Cama: cómoda y calentita.

Tal vez en un par de años pueda decidir algún día quedarme pegada a la cama?

Por ahora, no es una opción de más de unos minutos, entre libros, juguetes, brazos y codos que quieren pasarme por encima…tetas aplastadas, tirones de pelo…no exactamente la imagen placentera de lo que significa quedarse haciendo fiaca en la cama.

Así que, cómo sobrevivir a los días raros?

Estando.

Habitando ese día raro, momento a momento, de la mejor manera que podemos.

No cocinar fue una linda opción para hoy, después de pasarme tres días preparando el catering para un cumple.

Hacer poco más que estar con mi hijo y conmigo misma, cuando pude estar sola.

Sin exigirme ser productiva un día que sé que no voy a poder. Dejar cosas para mañana si hace falta, como escribir este post. Que, en verdad no quise dejar, pero me venció el sueño mientras acompañaba a mi hijo en el suyo. Me desperté a la 1:30, con lentes de contacto aún en los ojos… el glamour de la maternidad no tiene límites, ni el sentido del humor.

Hoy, tengo un día raro.

Y bueh…pasará y habrá días pilas, días extraordinarios, días divertidos, días largos, días productivos, días muy felices, días acelerados, días de todos los colores…y algún que otro día raro.

Claudia

 

Día 72 De soledad, multitudes y armonía

Siempre fui de las que se van más bien tarde de las fiestas y los encuentros.

Cuando estoy reunida con personas que quiero, me cuesta mucho irme.

Es como una pequeña muerte.

Me di cuenta de que me pasa aunque no esté siendo un momento extraordinario. A veces, hay reuniones que no están siendo geniales y aún así, me quedo.

Amo mis momentos de soledad tanto como amo estar rodeada por el calor de otras personas queridas.

Ahora que soy mamá, muchas veces me quedo en lugares porque mi hijo quiere quedarse. Me cuesta, pero lo hago. Trato de encontrar el punto medio y equilibrar entre su deseo y el mío y muchas veces, fantaseo con cuando ya pueda dejarlo e irme, jajaja!

Ayer hablaba de perder el equilibrio por amor. Este es otro ejemplo de cómo perdemos nuestro equilibrio por amor.

Esto es, para mí, la armonía.

La armonía no es el equilibrio constante, sino la convivencia pacífica de energías, emociones y deseos: o sea, la convivencia pacífica entre individuos.

Entonces, cuando me encuentro en una plaza o en un evento o en casa de alguien con quien quiere jugar mi hijo, busco la armonía, en mí y con los demás.

Busco disfrutar con quienes están ahí. Puede que una parte de mí preferiría estar en otra parte, pero en ese momento, “es lo que hay” y estoy satisfaciendo el deseo de otro ser, que me importa mucho. Hago todo cuanto esté a mi alcance para pasarla bien igual.

Sé que luego, tendré mi momento de silencio y de estar conmigo misma.

Con que nunca me falte eso, puedo equilibrar lo social y los deseos de mi hijo con los míos.

Qué necesitás vos para estar en armonía?

Claudia

Día 71 Perder el equilibrio

“Perder el equilibrio por amor, a veces es parte de vivir una vida equilibrada.”

Esta frase del libro “Comer, rezar, amar” de Elizabeth Gilbert, que recuerdo más por la película, la verdad, resume mi día.

Quien dice por amor, dice por preparar la rica comida para el cumple de la hija de una amiga… eso también es amor.

Estoy casi tan nerviosa como si fuera a estrenar. Todo tiene que estar listo a una cierta hora de un cierto día para estar en un cierto lugar. Parecido a estrenar en el teatro. Esta semana se concentra alrededor de este evento y me encanta.

Me gusta la adrenalina de tener una fecha de entrega. Soy de esas personas que necesitan fechas de entregas para  motivar una acción constante y un enfoque altamente productivo. Sé que nos pasa a muchas.

Volviendo a la pérdida del equilibrio… por asegurarme de tener todo listo, hoy no medité ni hice ejercicio. Me habría hecho bien igual, la verdad, pero si tengo que andar eligiendo entre una hora más de sueño y tener todo listo a tiempo y mover el esqueleto…muchos días y dependiendo de mi estado, voy a elegir esa hora de sueño.

Seguramente ésta sea la gran diferencia entre tener y no tener hijx(s). Sacar una trabajo adelante, jugar y mantener el ritmo de mi hijo a lo lago del día, estar bien con él y conseguir tener todo listo… es un desafío. Lo acepto con mucho gusto. Ya lo deseo. Lo vengo deseando hace ya un tiempo. Es un desafío lindo: lograr completar el trabajo en pocas horas que él está con el papá y unas horas después de que se duerma.

Haré ejercicio en un par de días: cuando haya pasado esta pequeña y hermosa tormenta.

Perderé de nuevo el equilibrio por amor.

Hoy y siempre.

Agradecida de poder hacerlo.

Claudia

Día 70 La totalidad de las posibilidades

Esta mañana, volví a meditar escuchando a mi gran Maestra de la vida; Louise Hay.

Mientras tenía los ojos cerrados y todo el resto de mi ser abierto, volví a conectar con la totalidad de las posibilidades.

La totalidad de las posibilidades.

Qué te inspira este concepto? Qué imágenes surgen en tu mente?

Yo veo una infinita capacidad creativa. Siento esperanza y no solo eso; sino que vuelvo a tener la absoluta certeza de que todo es realmente posible.

Aunque no siempre lo piense a diario, aunque me olvide por momentos. Aunque me encuentre inmersa en lo cotidiano y los días oasen sin que pueda reflexionar demasiado, entre los cuidados diarios, los paseos por la plaza, juntar juguetes y mantener un mínimo de armonía en nuestro hogar…y en mí misma.

Me olvido que cada día vivo en la totalidad de las posibilidades y que cada día, en cada momento, todo es posible para mí.

Puede que mi mente busque (y encuentre) limitaciones. Los peros y los nos, los nosés y los algúndías. 

Qué tal si me recuerdo cada día, tantas veces como surja, que en ese mismo instante todo es posible?

Cómo me sentiría?

Qué atraería a mi vida?

Qué cambiaría en mi vida?

Claudia

Día 69 Encuentros mágicos

Hoy fui a pagar facturas y mientras hacía cola para que resolvieran un problema que tenía con el importe, nos pusimos a charlar con el hombre que esperaba delante mío.

Bueno, en verdad me envolvió en sus ideas, pensamientos y palabras el hombre en cuestión.

Era lo que solemos llamar un personaje. Carismático, desinhibido y conversador.

Empezó explicándome cómo iban a solucionar el error en mi factura y terminó declarando mi estatus de encarnación elevada. Cómo llegó de una cosa a la otra? …y sobre todo, cómo llegó a semejante conclusión? Ja! No me vió en un día de mal humor…

Él me fue contando que era portero y cadete y que tanto una cosa como la otra no llevaban a nigún lugar distinto y que a sus cincuenta y tantos años no aspiraba a más. Me contaba que toda su vida había sido vago y que por eso hacía estos trabajos.

Yo lo escuchaba mientras me imaginaba los porqués de su historia.

Me preguntó qué hacía yo.(Pregunta que muchas veces, ni siquiera sé contestar). Le conté que guiaba meditaciones y que acompañaba a otras personas en sus procesos de crecimiento personal.

Claro, respondió, se te nota elevada. 

De nuevo: elevada según el momento… Este caballero no tiene idea de lo poco elevada que puedo estar cuando me canso…

Total que de ese lugar de la conversación, él concluyó que yo estaba ascendiendo en esta encarnación y que él volvería a encarnar para crecer.

Mi sensación fue exactamente la contraria.

Desde sus palabras, sus ojos brillantes, sus ganas de hablar y compartir y su positiva opinión sobre mí, yo sentía encontrarme ante una persona elevada.

Más se trata de cómo hacemos lo que hacemos y no del qué.

Diga lo que diga ese hombre, yo sé que este día, fui yo la tocada por la magia de un angel en forma de portero y cadete, mientras esperaba pagar mi cuenta de la luz.

Claudia

Día 68 Ni buena ni mala

Hoy pensé en cómo me vengo sintiendo con mi hijo, en la etapa que se encuentra él y en cómo lograr armonía entre mi cansancio, sus dos años y esa rabia que llevo dentro y ese enojo que me persigue desde hace mucho tiempo.

Ese enojo que no tiene nada que ver con este hijo al que amo y adoro con todo mi ser. Este hijo al cual necesito proteger de estas emociones nefastas que me nacen.

Durante un tiempo, creí que ser mamá de un bebé se me daba muy bien, pero hace poco me puse a reflexionar y creo que no. Cuidar y amar a mi bebé fue fácil porque él fue un bebé muy fácil de cuidar y amar.

No tuvo nada que ver conmigo.

Así como a esta edad empecé a sentir que me exasperaba, creo que hubiera podido sentirlo antes si no me hubiese dejado dormir, por ejemplo.

Cuanto más me adentro en mi recorrido de ser madre, menos consejos me atrevo a darles a otras.

Puedo repetir cosas que a mí me fueron bien… durante un tiempo. Otras que sé que satisfacen las necesidades primarias de los bebés, como mamíferos que son/somos.

Poco más. Luego voy comprobando que hacemos lo mejor que podemos con lo que sabemos, sentimos, con lo solas o rodeada que estemos, con si tenemos que salir a trabajar o no, con que si lxs llevamos al jardín pronto o nunca…

Últimamente, me estuve dando con un caño como mamá.

Hoy, decidí que necesito parar eso. Si sigo sintiéndome mal, voy a sacar lo peor de mí.

Si decido sentirme bien conmigo misma, entonces, será más factible que logre volver a centrarme y disfrutar más de mi hijo.

Tomé la decisión de no permitirme más expresar mi enojo delante o con mi hijo.

Me prometí volver a conectar con su y con mi inocencia, con su corta edad, con el lado liviano y divertido de vivir juntxs.

Sigue siendo duro; sí. Me sigue demandando muchísima energía el ir a su ritmo, aminorar el mío, esperarlo, seguirlo, explicarle y repetir y repetir y volver a repetir, y así todo el día. Es duro y a la vez es hermoso. Él es divertido, tiene sentido del humor, habla un montón y mezcla los idiomas como solo él puede, se levanta con una sonrisa llena de amor cada mañana, me abraza y me besa para despedirnos, me graba audios en los que me manda besos, me mira con esos ojitos, me pide upa, a veces para dormir y aunque pese un montón, es la sensación más hermosa de la vida…

Eso. Ver lo lindo.

Conectar de nuevo con lo bello y lo placentero.

Porque cada día es irreptible y para él es una vida.

Ser la madre que soy desde quien soy como persona.

Negarme a convertirme en una madre estresada, tensa, enojada, negativa… esa no soy yo… o puede que a veces, pero no todo el tiempo, no cada día.

Soy buena y mala madre, según el momento.

O no, no soy ninguna de las dos.

Soy yo. Como soy y madre.

Claudia

Día 67 Participar aunque me equivoque

Hoy, fui a mi clase de swing, como cada martes desde hace varias semanas ya.

Es mi cita divertida semanal con mi cuerpo, mi alegría y con un montón de otras personas que van a disfrutar y aprender a bailar. Me lo paso genial.

La clase la dan dos profes, una mujer y un hombre. Dividieron a lxs alumnxs en dos grupos y cada unx se ocupa de enseñarle a uno.

Ayer, en un momento, el profe preguntó si algunx de nosotrxs se animaba a contar mientras hacía el paso básico. Yo, en la en la escuela primaria, no era de las que levantaban la mano para dar una respuesta porque las respuestas me parecían ten evidentes que pensaba “No puede ser esa la respuesta”. Sí, lo era. Mucho más fácil de lo que yo pensaba. Siempre tendía a creer que yo no podía, que yo no sabía, que si se me ocurría a mí, seguramente era equivocada.

La autoestima del tamaño de un maní.

Ha pasado mucho tiempo y yo cambié, o no cambié, sino que creo de verdad que lo importante es participar.

Total que el profe pregunta esto de contar mientras se bailan los pasos básicos. Nadie levantaba la mano, así que yo la levanté, agarré a mi compañera, con la que yo estaba haciendo de “líder” en ese momento, y mientras hicimos el paso básico, conté. Conté al ritmo y conté como se cuenta en casi todos los estilos de danza que estudié: en ocho.

Era en seis. Se contaba en seis y nada que ver con la cuenta que yo me saqué de la manga. Jajaja!

Lo mismo me pasó hace un par de clases atrás cuando preguntaron qué paso seguía en una coreografía. Mandé lo primero que se me ocurrió ante el silencio de todxs lsx demás.

Las miradas fueron varias. No sé muy bien qué pensaron, ni me importa.

Esto es lo que rescato y me digo que puedo andar aplicando esto en otras áreas de mi vida. Con la misma liviandad y sin miedo a equivocarme, así como voy a la clase de swing. Por qué no vivir siempre así?

Después de todo, qué pasa si me equivoco? Nada. O nada grave en todo caso.

Después de mostrar el paso con mis cuentas completamente inventadas, el profe mostró cómo era realmente. Nada más. Seguimos todxs bailando y disfrutando y yo me sentí feliz de no haber temido equivocarme y de haberme atrevido a participar y hablar, aunque fuese desde mi ignorancia.

Cuando era chica, no me permitía equivocarme porque me parecía que no podía darme ese lujo.

Ahora me doy permiso para equivocarme porque me parece que no puedo darme el lujo de no participar.

Esto me hace una persona mucho más feliz.

Claudia