Día 76 Acompañada

Hoy tuve sesión de EMDR. Trabajamos con dos ‘blancos’, como le dice mi terapeuta.

Dos imágenes que surgieron en la anterior sesión y en las que yo estaba en el útero de mi madre en una y en una cuna, mirando a mi padre, en otra.
Nunca jamás había visto estas imágenes antes.

Surgieron a raíz de una emoción que expresé.

Total que trabajamos estas dos imágenes y las emociones que me despertaban.

Sentí tristeza, dolor, angustia, un nudo en la garganta, el pecho rígido, la mandíbula dura, vi palabras y frases; “vivís empujando”, “corro hacia ninguna parte”, “solo sé” (de ‘ser’), vi luz blanca y sentí alivio e incluso conexión con mi madre y con mi padre, sentí latir mi corazón en todo mi cuerpo y sobre todo, en mi panza.

Esta terapia tiene toda una parte que, para mí, es completamente misteriosa. Si bien la terapeuta me explicó todo muy bien en nuestra primera sesión, escapa a mi comprensión la totalidad de lo que sucede con las conexiones neuronales…no importa: lo importante es que funcione. Es un poco como el Reiki; puede que no sepamos exactamente cómo pero funciona.
Estos días, justamente, venía sintiendo esta duda de si seguir, de si estaría funcionando para mí, de si valía el esfuerzo seguir adelante…y así como vale el esfuerzo ir a bailar aún cuando no siento ganas, lo mismo siento con esto. Lo vale. Funciona. Sí, me está haciendo bien. Sí, están sanando cosas y quedando otras atrás; allá, donde pertenecen.

Sigo adelante con esto que hoy, bien merece mención, me dejó como si hubiera meditado durante tres horas.

Ahora, son recién las 21:33. Mi hijo duerme y yo, estoy en camino.

Además de alivada, quedé cansadísima.

Feliz de seguir este camino.
Feliz de estar tan amorosamente acompañada.

Claudia

 

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