Día 75 De detalles sin importancia y espejos amorosos

No tenemos agua en la cocina.

Cuando falta algo, nos damos cuenta de lo mucho que lo amamos.

Amo tener agua en la cocina; poder abrir la canilla y que salga, tan abundante como yo decido, llenar mis ollas, lavar los platos, poner el lavarropas y manguerear el patio.

En este momento, tengo que ir al baño a buscar agua y llenar la pava con agua embotellada.

Qué privilegiada soy de tener agua cada día!

Agua, luz, calor, comida, ropa, techo, abrazos, palabras, miradas, AMOR.

Soy MUY afortunada.

Cuando pasan este tipo de cosas, me doy cuenta de lo cómoda que es mi vida y de lo poco que lo recuerdo a diario.

Tenemos agua corriente, gas, electricidad. Podemos ducharnos, calentarnos, cocinar, lavar…

Es mi intención apreciar las cosas y las personas que están en mi vida, cada día, antes de que falten, como el agua en mi cocina.

No siempre lo consigo. A veces, me enrosco en quejas y reclamos que, en el fondo, no tienen fundamento, porque creo que siempre se trata de mí misma.

Son todxs mis espejos, así que trato de mirar, aunque me moleste, aunque crea que es el otro o la otra. Se trata de mí en el sentido de poner los límites que necesito, decir sí cuando quiero decir sí y no cuando esa es la respuesta más amorosa conmigo misma.

Si le reclamo a la otra persona, entonces es porque algo no hice bien conmigo misma. En algo, me pasé por encima. Si no, no hay reclamo.

Apreciar y dar las gracias cada día, por la vida, por lo que sí tenemos, por lo que somos: es una practica tan saludable y energizante.

Doy gracias ya mismo por estar rodeada de personas extraordinarias que me quieren y que son fantásticos espejos en los que me veo y con los que aprendo.

Hoy, me toca lavar ropa a mano en el baño.

Hoy no funciona el agua en mi cocina.

Es solo un pequeño trabajo de más.

Solo eso.

Un detalle comparado con todo lo que sí funciona en mi vida.

Claudia

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Día 74 El empujoncito que lo vale

Hoy todavía me quedaba un resto del cansancio del fin de semana. Cuando por fin iba a tener unas horas para mí: tuve la enorme tentación de quedarme en casa, meterme en la cama y tal vez, mirarme alguna peli. Cosa que se vuelve rarísima con un hijo pequeño…para mí, en todo caso.

A las 18h tenía que guiar una meditación. En principio, no venía nadie. Cuando pasa esto, aprovecho el espacio y el tiempo de todas formas y medito yo. En principio, podía no ir.

A las 19:45, tenía mi clase de swing. Podía faltar también. No era imprescindible que vaya yo.

Peeeero… meditar y bailar son dos cosas que me hacen mucho bien.

Así que decidí renovar mi energía, dejar de lado la imagen de yo metida en mi cómoda cama y salir a hacer estas cosas que recargan mis pilas, me dan alegría, buen humor y energía.

En este momento de mi vida, no tengo muchísimas horas para mí sola o para hacer actividades que me nutren, así que vale el esfuerzo darme ese empujoncito para salir a disfrutar. Aunque me canse, aunque ya esté cansada antes de empezar, aunque no sienta ganas; haya cosas que está bueno empujarnos a hacer.

En mi lista están:

  • Meditar
  • Bailar
  • Hacer ejercicio
  • Encontrarme con gente amada y positiva
  • Escribir

Me gustaría ampliar esta lista y que incluya, por ejemplo, comer más sano. Tengo épocas en las que descarrilo más de esta buena costumbre. Puede que coincida con el invierno. Quiero chocolate! Quiero carbohidratos!

QUIERO GRAAAAASSSSAAAAAA

Jajaja! Me siento una vikinga moderna.

Ahora mismo, que me está entrado el hambre, sueño con un enooooorme plato de pasta con toneladas de queso rayado…

Por ahora, me conformo con poder darme el empujoncito con las cosas que sí están en mi lista.

Vos, qué tenés en tu lista que valga el empujoncito en pleno invierno, cuando lo ”único que deseás es quedarte en la cama?

Claudia

Pd. Me fui a comprar unos fideos.

 

Día 73 Los días raros

Hay días que son… raros. Hay una energía… rara.

Leeeennnnntaaaa…

Chicloooooosaaaaa… casi pegajosa… como que te tira para atrás… o tal vez tira hacia la cama…ojalá pudiera quedarme en la cama.

Hoy hubiese sido un día para quedarme en la cama.

Yo: cansada. El día: frío. Cama: cómoda y calentita.

Tal vez en un par de años pueda decidir algún día quedarme pegada a la cama?

Por ahora, no es una opción de más de unos minutos, entre libros, juguetes, brazos y codos que quieren pasarme por encima…tetas aplastadas, tirones de pelo…no exactamente la imagen placentera de lo que significa quedarse haciendo fiaca en la cama.

Así que, cómo sobrevivir a los días raros?

Estando.

Habitando ese día raro, momento a momento, de la mejor manera que podemos.

No cocinar fue una linda opción para hoy, después de pasarme tres días preparando el catering para un cumple.

Hacer poco más que estar con mi hijo y conmigo misma, cuando pude estar sola.

Sin exigirme ser productiva un día que sé que no voy a poder. Dejar cosas para mañana si hace falta, como escribir este post. Que, en verdad no quise dejar, pero me venció el sueño mientras acompañaba a mi hijo en el suyo. Me desperté a la 1:30, con lentes de contacto aún en los ojos… el glamour de la maternidad no tiene límites, ni el sentido del humor.

Hoy, tengo un día raro.

Y bueh…pasará y habrá días pilas, días extraordinarios, días divertidos, días largos, días productivos, días muy felices, días acelerados, días de todos los colores…y algún que otro día raro.

Claudia

 

Día 72 De soledad, multitudes y armonía

Siempre fui de las que se van más bien tarde de las fiestas y los encuentros.

Cuando estoy reunida con personas que quiero, me cuesta mucho irme.

Es como una pequeña muerte.

Me di cuenta de que me pasa aunque no esté siendo un momento extraordinario. A veces, hay reuniones que no están siendo geniales y aún así, me quedo.

Amo mis momentos de soledad tanto como amo estar rodeada por el calor de otras personas queridas.

Ahora que soy mamá, muchas veces me quedo en lugares porque mi hijo quiere quedarse. Me cuesta, pero lo hago. Trato de encontrar el punto medio y equilibrar entre su deseo y el mío y muchas veces, fantaseo con cuando ya pueda dejarlo e irme, jajaja!

Ayer hablaba de perder el equilibrio por amor. Este es otro ejemplo de cómo perdemos nuestro equilibrio por amor.

Esto es, para mí, la armonía.

La armonía no es el equilibrio constante, sino la convivencia pacífica de energías, emociones y deseos: o sea, la convivencia pacífica entre individuos.

Entonces, cuando me encuentro en una plaza o en un evento o en casa de alguien con quien quiere jugar mi hijo, busco la armonía, en mí y con los demás.

Busco disfrutar con quienes están ahí. Puede que una parte de mí preferiría estar en otra parte, pero en ese momento, “es lo que hay” y estoy satisfaciendo el deseo de otro ser, que me importa mucho. Hago todo cuanto esté a mi alcance para pasarla bien igual.

Sé que luego, tendré mi momento de silencio y de estar conmigo misma.

Con que nunca me falte eso, puedo equilibrar lo social y los deseos de mi hijo con los míos.

Qué necesitás vos para estar en armonía?

Claudia

Día 71 Perder el equilibrio

“Perder el equilibrio por amor, a veces es parte de vivir una vida equilibrada.”

Esta frase del libro “Comer, rezar, amar” de Elizabeth Gilbert, que recuerdo más por la película, la verdad, resume mi día.

Quien dice por amor, dice por preparar la rica comida para el cumple de la hija de una amiga… eso también es amor.

Estoy casi tan nerviosa como si fuera a estrenar. Todo tiene que estar listo a una cierta hora de un cierto día para estar en un cierto lugar. Parecido a estrenar en el teatro. Esta semana se concentra alrededor de este evento y me encanta.

Me gusta la adrenalina de tener una fecha de entrega. Soy de esas personas que necesitan fechas de entregas para  motivar una acción constante y un enfoque altamente productivo. Sé que nos pasa a muchas.

Volviendo a la pérdida del equilibrio… por asegurarme de tener todo listo, hoy no medité ni hice ejercicio. Me habría hecho bien igual, la verdad, pero si tengo que andar eligiendo entre una hora más de sueño y tener todo listo a tiempo y mover el esqueleto…muchos días y dependiendo de mi estado, voy a elegir esa hora de sueño.

Seguramente ésta sea la gran diferencia entre tener y no tener hijx(s). Sacar una trabajo adelante, jugar y mantener el ritmo de mi hijo a lo lago del día, estar bien con él y conseguir tener todo listo… es un desafío. Lo acepto con mucho gusto. Ya lo deseo. Lo vengo deseando hace ya un tiempo. Es un desafío lindo: lograr completar el trabajo en pocas horas que él está con el papá y unas horas después de que se duerma.

Haré ejercicio en un par de días: cuando haya pasado esta pequeña y hermosa tormenta.

Perderé de nuevo el equilibrio por amor.

Hoy y siempre.

Agradecida de poder hacerlo.

Claudia