Día 67 Participar aunque me equivoque

Hoy, fui a mi clase de swing, como cada martes desde hace varias semanas ya.

Es mi cita divertida semanal con mi cuerpo, mi alegría y con un montón de otras personas que van a disfrutar y aprender a bailar. Me lo paso genial.

La clase la dan dos profes, una mujer y un hombre. Dividieron a lxs alumnxs en dos grupos y cada unx se ocupa de enseñarle a uno.

Ayer, en un momento, el profe preguntó si algunx de nosotrxs se animaba a contar mientras hacía el paso básico. Yo, en la en la escuela primaria, no era de las que levantaban la mano para dar una respuesta porque las respuestas me parecían ten evidentes que pensaba “No puede ser esa la respuesta”. Sí, lo era. Mucho más fácil de lo que yo pensaba. Siempre tendía a creer que yo no podía, que yo no sabía, que si se me ocurría a mí, seguramente era equivocada.

La autoestima del tamaño de un maní.

Ha pasado mucho tiempo y yo cambié, o no cambié, sino que creo de verdad que lo importante es participar.

Total que el profe pregunta esto de contar mientras se bailan los pasos básicos. Nadie levantaba la mano, así que yo la levanté, agarré a mi compañera, con la que yo estaba haciendo de “líder” en ese momento, y mientras hicimos el paso básico, conté. Conté al ritmo y conté como se cuenta en casi todos los estilos de danza que estudié: en ocho.

Era en seis. Se contaba en seis y nada que ver con la cuenta que yo me saqué de la manga. Jajaja!

Lo mismo me pasó hace un par de clases atrás cuando preguntaron qué paso seguía en una coreografía. Mandé lo primero que se me ocurrió ante el silencio de todxs lsx demás.

Las miradas fueron varias. No sé muy bien qué pensaron, ni me importa.

Esto es lo que rescato y me digo que puedo andar aplicando esto en otras áreas de mi vida. Con la misma liviandad y sin miedo a equivocarme, así como voy a la clase de swing. Por qué no vivir siempre así?

Después de todo, qué pasa si me equivoco? Nada. O nada grave en todo caso.

Después de mostrar el paso con mis cuentas completamente inventadas, el profe mostró cómo era realmente. Nada más. Seguimos todxs bailando y disfrutando y yo me sentí feliz de no haber temido equivocarme y de haberme atrevido a participar y hablar, aunque fuese desde mi ignorancia.

Cuando era chica, no me permitía equivocarme porque me parecía que no podía darme ese lujo.

Ahora me doy permiso para equivocarme porque me parece que no puedo darme el lujo de no participar.

Esto me hace una persona mucho más feliz.

Claudia

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