Día 59 Indestructible

Llegué a mi primera sesión de EMDR en semanas, después de las vacaciones de mi terapeuta, angustiadísima.

Le hablé de esta ansiedad diaria. Ansiedad como si me hubiera tomado tres espressos y a la vez, una gran sensación de apatía.

Le conté que me estuve enojando mucho con mi hijo, que es horrible porque no se lo merece.

Va en contra de lo que siento por él. En contra de lo que creo y valoro.

Enojarme cuando no existe realmente un motivo (si es que puede existir con un niño pequeño) es como mentirle.
Por eso me quedo sintiéndome tan mal; le estoy mostrando algo que no es verdad ni para mí.
Le alzo la voz, pero no es mi voz sino algo que yo escuché de chica.
No soy yo, es otra persona.

Me transformo en otra persona que no soy yo; por eso es terrible.

No sé si me gritaron cuando yo tenía su edad.
Lo que sí sé es que desde que tengo uso de memoria, siempre me sentí mal conmigo misma.

Me hizo cerrar los ojos y sentir mi cuerpo.

Me vi, una bebé de meses, acostada en una cama; mi padre se asoma por encima mío pero no me alza.

Me hace ir más atrás aún.

Veo a mi madre, embarazada de mí, sentada y llorando.

Ignoro si estas imágenes corresponden a algo vivido o son simbólicas. Siento angustia, mi pecho se anestesia, para no sentir, me siento derrotada.

Me hace pasar se un par de anteojos negros con luz en la parte derecha a los de luz en la psrte izquierda y van cambiando las sensaciones hasta que se calman.

Salgo de la sesión sintiéndome mucho más liviana.

Salgo y me llevo un enorme descubrimiento.

Al contarle cómo había estado, le conté que una vez, le pedí un minuto a mi hijo para meterme en el cuarto y golpear las almohadas de la cama. Lo hice para descargar esa energía de forma neutral y sin dañar a nadie.

Al concluir la sesión, la terapeuta me dijo unas palabras que ahora cuelgan en mi pared:

La ternura es indestructible. Nadie puede destruir esto en nosotrxs.

Fue una revelación para mí. Comprendí que algo en mí ‘anestesia’ esa ternura y que, por momentos, creo que se me fue; que ya no me queda nada de ternura.

Su frase fue una luz en mi camino.

En vez de golpear, en los momentos en que se pone difícil la situación, conectá con tu ternura, me dijo, y me explicó cómo despertar ese sentimiento a través de la respiración y el cuerpo.

Nuestra ternura es indestructible.

No es hermoso?

Claudia

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