Día 56 Hasta pisé mierda

…bueno, no fue tan así.

Hoy me levanté con la sensación de que era lunes.

No es que el lunes represente para mí lo que es para las personas que trabajan de lunes a viernes; aún así, existe ese registro de la sensación de lunes.

Ayer fue feriado, por eso mi sensación.

Total que me levanté ya sintiéndome algo desorientada.

Fue uno de esos días en que me parece que hay una angustia de fondo en mí. Como una banda sonora de película, pero nada linda.

Haga lo que haga, todo se tiñe de esa angustia muda pero que vibra en mis huesos.

Se despierta mi hijo. Sonrisas, abrazos, palabras y risas.

Hasta que ya se hace muy tarde y hay que llevarlo a lo del papá y todavía tiene el pañal de la noche y está en piyama…y no quiere saber nada con cambiarse.

Me enojo. Cualquiera. Enojarse con un niño de dos años es, además de inútil, inmaduro, según yo misma. Aún así, me enojo.

Las risas ya archivadas, lo cambio y visto lo más suave y firmemente que puedo.

Lo llevo.

Vuelvo.

Desayuno.

Doy vueltas.

Salgo con mis volantes en el bolso para dejarlos en tiendas del barrio. Dietéticas y un lugar donde compro incienso.

Bien. Hecho eso que no me agrada nada.

Compré algo en cada lugar. Harina integral. Sal marina. Semillas de girasol. Me va a salir caro esto de los volantes.

Vuelvo a casa.

Lavar ropa. Preparar el almuerzo. Ordenar. Limpiar. Preparar algo rico para el mate.

Todo me cuesta. Parece que lo hago a cámara lenta.

Vuelve mi hijo.

Teta, teta y más teta.

Jugamos.

Juega él con comida en el piso del living. Es todo seco pero… hoy no tenía ganas de barrer avena y clavarme orégano en los pies.

Vamos que tomamos mates xon amigas hoy.

Ah no. Mi amiga se siente mal.  Cancelamos. Casi mejor; mi hijo está espeso… casi tanto como yo.

Quiere salir con el pata pata. Dale. Dale, entonces vestite. Hay que vestirnos si querés salir.

Querés? Si no, nos quedamos acá. Sí? Bueno, hay que vestirse.

Los efectos que llega a causar en mi sistema nervioso el repetir lo mismo una y otra vez son devastadores.

Por fin, salimos.

Felices.

Tenemos un cumpleaños mañana, así que vamos a la librería a comprar un libro. Yo ya sabía cual quería, así que muy pronto, me siento a leer junto a mi hijo.

Media hora más tarde; anticipo. Un libro más, terminamos este y nos vamos, vamos a comprar bananas… En el momento de irnos; nada. Se acerca a unos libros a otros, los ojea, nada…no se acerca conmigo a la salida. Mi paciencia es ya casi inexistente.

Hijo, te voy a alzar. Permiso, alzo y salimos.

Yo; con un mal humor…

No quería saber más nada.

Pasamos a comprar bananas, mandarinas y cebollas, para la mesita de luz y para hacer jarabe, ya que andamos ambxs con síntomas de resfrío.

Volvemos a casa.

Lleva el pata pata a la cocina y lo da vuelta.

Se pone a girar las ruedas con las manos y veo que en una de ellas hay, pegado en un costado, un montón de algo pastoso y marrón.

Mi amor; no toques más la rueda porque eso puede ser cava de perro.

Toca, se limpia en el pantalón y se va a tocar la boca.

Grito mío y alzada del niño directo al baño a lavarse las manos, sacarse la ropa y meterse en el agua calentita.

Por suerte, a partir de ahí, fluyó todo.

Y, sí, lo del pata pata es caca.

Claudia

 

 

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