Día 35 – Imprescindible llorar, imprescindible reir

Estoy atravesando un momento de mucha tristeza. Creo que así como estoy de limpieza profunda y renovación con mi casa, el mismo proceso está tomando lugar en mi interior.

Me alegra un montón. Siento que es el camino que me lleva hacia una vida más libre. De fácil no tiene nada. Quedarse con la tristeza y transitarla me cuesta horrores. No quiero ser una persona triste. Quiero pasarla bien. Lo que pasa es que, por fin comprendo que para vivir libre y liviana, es imprescindible pasar por lo denso y oscuro que me quedó atragantado.

Mi día 35 fue la estampa, ejemplo de lo que digo.

Por la mañana, sin energía, angustiada, soltando esa tristeza llorando, mientras le contaba a una amiga. Una amiga que está pasando por su propio momento difícil y lo está compartiendo conmigo también. Una amiga con la cual estoy sprendiendo que es un regalo compartir todos nuestros estados: los tristes y llorosos y los alegres y risueños.

Nunca había sentido esto tan claramente.

Para mí, es un regalo que ella se abra a mí, me cuente lo que le pasa, lo que piensa y lo que decide hacer en cada momento.

No solo es un honor que ella confíe y se abra a mí, sino que aprendo yo de su experiencia. Estos últimos días, cada vez que la escuchaba o la leía, había algo mío reflejado; algo que yo necesito aprender o revisar u observar en mí.

Así pasó la primera parte de mi día.

Luego, después de una buena sesión de autitos subiendo y bajando rampas en el living, nos preparamos para el cumpleaños de otra amiga.

Llegamos a casa cerca de las dos de la madrugada. Con eso lo digo todo.

Lo pasamos divinamente bien.

Me reí como hacía tiempo que no me reía.

La compañía tuvo muchísimo que ver: un hermoso grupo de mujeres inteligentes, poderosas y conectadas, unidas para celebrar la vida de un ser brillante. No podía ser otra cosa que una maravilla.

A pesar de todo, algo en mí estaba más expansivo que en los últimos tiempos, que han sido tan fríos en mi interior.

Yo estaba distinta. Más relajada, más entregada y abierta. Espontánea. Más desinhibida de lo que he sido estos últimos años.

Sentí que salí de mi caparazón.

Y me lo pasé bomba.

Salir de caparazón= pasarlo bomba.

Anotado.

Fue un día rico en emociones. Un día tranparente y brillante a la vez.

Se vuelve imprescindible llorar tanto como reir.

Mi llanto libera mi risa.

No hay una emoción sin la otra.

Al bloquear una de ellas, bloqueo la otra.

Eso sentí al concluir el día.

Logré estar con mi tristeza por la mañana y por la noche, naturalmente, vino mi alegría.

Imprescindible llorar, imprescindible reir.

Claudia

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