Día 34 – Sí, puedo

Hoy me pasó algo revelador.

Creo haberles ya hablado de las palabras que me di cuenta dan muchas vueltas por mi mente: no puedo.

Muchas veces, van seguidas por otras, como por ejemplo más. Sobre todo desde que soy mamá, tengo momentos en los que pienso que no puedo más.

Sacando la palabra más, me quedé escuchando ese no puedo que tanto habita mi cabeza.

Me di cuenta de que mi actitud en mi vida, en general, va teñida por ese no puedo.

Si me remonto a mis tiempos de niña, está clarísimo que hubo un enorme no puedo desde entonces.

Cuando quiero algo y no encuentro la manera de llevar ese deseo a la acción es porque, en alguna parte de mí, sigo sintiendo que no puedo, ni hacerlo ni tenerlo.

Hoy, pasó algo que me abrió los ojos bien grandes a mi forma de ver los desafíos y mis propias posibilidades.

Volvimos de almorzar con mi tío que se volvía para Canadá. Al llegar a la entrada de nuestro edificio, una vecina nos abre la puerta; entramos y me pongo a buscar las llaves para abrir el departamento. No las encontraba. Subimos, nos sentamos en las escaleras, vacío mi bolso y la mochilita de mi hijo: no estaban las llaves por ningún lado.

Recordé que mi chiquito había estado jugando con mi bolso y me imaginé que las llaves se habrían caído en casa de mi tía… que queda a unos tres cuartos de hora de mi casa y de donde recién habíamos vuelto.

Bueno… haríamos el viajecito para recuperar las llaves. Le mando mensaje a mi tía para confirmar que estuvieran allá las llaves.

Justo después de escribirle, saludo a la vecina que llegaba a su casa. LA VECINA. La vecina con la que comparto patio dividido por una pared. Caigo en el dato y le pregunto si puede dejarme pasar para ver si es posible treparme por la pared hacia mi lado del patio. Sí, claro.

Pasamos a su departamento mientras le explico a mi hijo lo que vamos a hacer. Ella me acerca una silla. Me subo a la silla y me parece que no voy a poder subir esa pared sin estrolarme.

Durante un buen minuto, miro la pared, trato de visualizar cómo subir y pasar para el otro lado… y les juro que no veo la forma.

Me parece imposible.

Estoy convencida de que yo no puedo.

La vecina me mira como si fuera perfectamente factible.

Digo cosas como no veo hacia donde mandar mis piernas, no sé si puedo, no estoy en forma

Ella me mira.

Mi hijo me mira.

El perro de la vecina, el mismo que llora por las noches, me mira.

Yo no quiero dejar de intentarlo.

La otra opción es bajarme de la silla sin probar y subirnos al colectivo.

Tan cerca de poder entrar a mi casa y agarrar el juego de llaves extra que cuelga del lado de adentro.

Me lanzo.

Me agarro de la pared y subo con la fuerza de mis brazos, que aflojan un poco y luego consiguen levantarme por encima de la pared. Paso una pierna sin ningún esfuerzo y en unos tres segundos, estoy sentada a caballo encima de la pared, ya con la sensación de que fue mucho más fácil de lo que me parecía. Paso la otra pierna y me deslizo por la pared de mi lado del patio. Voy casi corriendo a buscar a mi hijo que quedó del otro lado. 

No tuve ninguna dificultad.

Fui perfectamente capaz de hacerlo.

Fue muchísimo más fácil de lo que parecía.

Además de estar súper agradecida por la aparición de la vecina y su ayuda, me quedé con una sensación de que desconozco mis propias posibilidades, me tengo poca confianza y acabo de comprobar que aunque no me lo parezca

sí, puedo.
Claudia

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