Día 23 – Vos también pagaste tus deudas?

Mi ducha pasa del agua hirviendo a estar helada.

Cuando finalmente decidí buscar el repuesto de la cisterna del inodoro, no encontré la pieza adecuada y sigue esperando ser arreglado.

Mis paredes parecen las de un jardín de infantes.

Hace un rato, trabajé sobre la parte del curso que trata de la limpieza de la casa.

Mi hogar solo refleja la impotencia que sentí de chica y que sigo creyendo, en algún lugar dentro de mí.

Me di cuenta de que por eso no creo que yo pueda arreglar las cosas. Las cosas se rompen y así se quedan. No hay nada que pueda hacer. No puedo cambiar. Eso fue lo que me vino a la mente al hacer el ejercicio de preguntarme qué  me recuerdan esas áreas de mi casa y qué significa para mí.

Ayer, les hablé del pensamiento de “No puedo más”, que, en definitiva es un “No puedo”,según lo que veo. Miro dentro mío y miro a mi alrededor y lo que veo es un enorme letrero luminoso parpadeante que pone NO PUEDO.

Me da miedito escribirlo por acá y que siga teniendo poder. Al mismo tiempo, tal vez sea mucho mejor reconocerlo y darle su lugar para poder darle una patada en el culo.

Estos días me vienen muchas imágenes de los últimos 10 años de mi vida y de las elecciones que hice. Lo que destaca son las relaciones que tuve. Que tuve y que dejé, por suerte. Muchas fueron breves y casi todas amargas. Confié en personas en las cuales no se podía confiar, y era OBVIO. Estaban todas las señales. Sin embargo, confié y me expuse al maltrato de esas personas.

Hoy me hago la pregunta:

Qué deuda creí que tenía yo con la vida para maltratarme de esa forma?

Qué fue lo que hice tan terrible que me castigase con tan desagradable compañía? Jajaja!

Me río por mi elección de palabras e imágenes, sin embargo, creo que es muy cierto que nos castigamos por culpa o creencias de que en el fondo, somos personas terribles y que algo no va bien en nosotras.

Ya pagué cualquier deuda que creía tener. Pegué con creces.

Ahora, suelto todo ese pasado que necesité crear para aprender, sanar y crecer. Ese dolor que creé, tal vez por no sentir otro más profundo. No sé exactamente los porqués, y no hace falta.

Es hora de soltar todo eso, que ya no existe, para poder crear desde una energía más amorosa.

Ahora; a hacer yoga, que siempre me hace bien.

Mucho amor.

Claudia

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