Día 19 – Todo pasa… por suerte

Llevo una semana arrastrándome a lo largo del día. Parece que lo que más feliz me hace es que llegue la noche para poder acostarme.

Anoche, ni eso. Me agarró insomnio. Había ruidos en el patio y mi imaginación empezó a derrapar; que si había dejado las llaves puestas en la puerta en casa de tener que escapar con mi hijo en brazos, que qué haría si entrara alguien… Una de las cosas que más me asustan de que entre alguien es mi tremenda miopía: podría ver la cara y las intenciones del vándalo? Me imagino arrugando la cara para poder enfocar mejor… es tremendo. Tremenda imaginación.

Obviamente que no entró nadie y me obligué a dejar de pensar cosas así; tiré unos símbolos protectores de Reiki y chau. A dormir. Aún así, di varias vueltas.

Esta semana es la que sigue a mi tercera sesión de EMDR, los vómitos nocturnos de mi chiquito, horarios cambiados porque el padre tiene que cuidar de su papá, el otoño, el repliego pre menstrual… no sé bien, pero me gusta más estar más enérgica.

Ciclos. Subidas y bajadas. Momentos.

Todo pasa.

Sigo con la limpieza de mi casa y me ocupo de acudir a las citas médicas pertinentes para chequear mi estado físico.

Mientras tanto, siento caos interno y se nota en mi espacio. Como si estuviera todo afuera, a la vista, para elegir qué guardo y qué no. Así que hay bastante quilombo.

Me perdono por ser humana y caótica por momentos.

Es lo mínimo que puedo hacer para seguir en sintonía con el curso y sus enseñanzas.

Les mando un abrazo inmenso.

Claudia

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