Día 48 La única certeza

La vida cambia. Todo el tiempo.

Es la única certeza.

El movimiento y el cambio son sinónimos de vida.

La flexibilidad es vida.

La rigidez; muerte.

Cuál es nuestra actitud frente al cambio?
Etiquetamos los cambios como buenos o malos?

El viernes, mi hijo se lastimó el paladar jugando con el palo de la escoba.
(Sí, fue un gran susto para ambos y un descuido mío.)
Justo después de consolarlo, tomó teta y se durmió.
Más tarde, quiso tomar de nuevo y se ve que le dolió. Desde entonces, no toma teta excepto por una vez de noche, dormido.

Estamos hablando de un cambiazo en nuestras vidas.

De repente, come el triple, no cuenta con el aporte alimenticioso y hormonal de siempre, yo tengo que ingeniármelas para contenerlo, acompañarlo y consolarlo de otras formas y por encima de todo; mi presencia en ciertos momentos ya no es imprescindible.

Él que tomaba teta apenas despertarse y para dormirse…

Tuve que sacarme leche durante dos días, para evitar la acumulación, conductos tapados y prevenir una mastitis.

Volví a chorrear leche, como en los primeros meses, volví a sentir las tetas llenas y duras y el inmenso alivio cuando por fin tomó de noche, porque aunque podamos extraer la leche, no hay como la succión del infante.

Al tercer día, mi cuerpo ya se había regulado. Increíble. Qué pronto recibió el mensaje y modificó la producción.
Mi hijo empezó a interesarse más por la comida y yo menos.

Como casi siempre en la vida, el cambio emocional está siendo el más lento…y el más fascinante.

Mi hijo de dos años empezó a llorar angustiado cuando tiene sueño, hambre o cuando le pasa algo que es un misterio para mí.

Yo le sigo ofreciendo la teta y le dije que cuando quiera puede tomar, que a mí me hace feliz darle.

Yo: yo me siento rarísima, descolocada. El suelo bajo mis pies se movió, se abrió y estoy en puntas de pies, parada donde puedo.

Yo que quiero darle teta varios años más…ahí está él, no queriendo.

Tengo una mezcla de sensaciones y sentimientos.

Por un lado, me da pena pensar que puede estar dejando ya algo tan rico, sano y bonito. Por otro lado, me fascina su proceso, que es eso; suyo.

Observar que yo no controlo ni soy dueña de lo que él decida.

Me asombra cuánto está creciendo. Lo rápido que sucede.

Estoy haciendo un duelo y dejando paso a la sorpresa.

Puede que deje de tomar, puede que vuelva.

La incertidumbre me envuelve.

Me entrego.

Será lo que tenga que ser.

Todo siempre está cambiando y

está bien así.

Claudia

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