Día 47 Ni pez ni sirena

Dejar de vivir bajo el agua. Dejar de aguantar la respiración como si no necesitara del aire. Respirar cada día, a cada momento. Oxigenar mi cuerpo, mi mente, mi vida.

Dejar de sentir el agua amortiguando el dolor y el placer.

Permitir que la brisa acaricie mi piel, que el granizo me rasguñe al caer. Que los rayos me partan y la lluvia me reviva.

Dejar de ver borroso en el agua turbia de mis propias mentiras. Mirar de verdad. Ver mi propio corazón latir, rojo, en mi pecho, vivo y sano. Verme claramente. Con ojos bondadosos, con los ojos de la verdad.

Escuchar las bellas palabras que me trae el viento a través de bocas queridas. Que se escurran las negativas como el agua deslizándose por mi oreja.

Abrir la boca sin ahogarme. Que se oiga mi voz, poderosa y clara. Degustar cada bocado que elija comer. Morder cuando sea preciso. Besar siempre.

Salir del agua para vivir en la tierra. Pisar firme, segura. Correr y bailar. Usar este cuerpo terrestre y volver al agua solo cuando lo decida, por un rato nomás.

Porque no soy pez.

Ni sirena.

Soy Mujer.

Claudia

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