Día 46 Soltar y soltar

Hoy me di cuenta de por qué me enojo cuando le pasa algo doloroso a mi hijo.

Cuando se golpea.
Cuando llora.

Algo en mí no lo soporta.

Siempre me costó horrores oír el llanto de un bebé.

Algo me sorprende siempre de mí misma cuando se lastima mi hijo. Algo de mi reacción no tiene sentido.
Siento algo que no pertenece a este espacio y tiempo.

Recién hoy, tal vez porque no llora seguido, me di cuenta por fin de lo que me pasa exactamente.

Se me parte el corazón.

El corazón de la parte mía que también tiene dos años.

Se despierta mi dolor más insoportable.

Es probable que haya pasado la mayor parte de mi vida huyendo de ese dolor.

Tal vez sea el momento perfecto de soltarlo de una vez por todas.

Ya no tengo dos años ni soy impotente.

Soy una mujer, adulta y poderosa.

Aquellos eventos dolorosos ya pasaron.

Ahora corto todo lazo con aquel pasado.

Bendigo la niña que fui y cada mecanismo que adopté y me ayudó a sobrevivir.

Bendigo a todas y cada una de las personas involucradas en mi vida en aquel entonces.

Bendigo mis vivencias, sabiendo que fueron y siguen siendo perfectas para mí en esta vida

Bendigo todo lo que me tocó vivir, por muy doloroso que fuera, y suelto.

Bendigo mi dolor y lo dejo ir para siempre.

Así es.

Claudia

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