Día 30 Ganas de vivir

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Llegamos a Mendoza hace tres horas, mi hijo y yo.

Es un vuelo corto desde Buenos Aires, pero estoy más cansada que si hubiera viajado quince horas.

Dejar la casa decente para volver a un hogar agradable, bañar al niño que probablemente no se bañará hasta volver a su lugar, pensar en todo lo que hace falta preparar, llevar, dejar, los gatos, llamar, contar, pensar y pensar, convencer a mi hijo que se ponga el pañal, la remera, los zapatos, que el gato no salga, sacar la basura, chequear el tiempo, limpiar, secar, lavar, y obviamente, olvidarme de un par de cosas, entre ellas mi máquina sacapelos, hacer todo y estar listos a tiempo para cuando llega el taxi que nos lleva al aeropuerto.

Hacemos grandes esfuerzos por cambiar la rutina, viajar, tomarnos unos días. Lo vale, claro que sí, aunque hoy esté extenuada.

Unos días en otro lugar, con gente distinta, gente que nos espera con los brazos abiertos, durmiendo en otra cama, haciendo cosas distintas y pasando el día juntxs.

Vacaciones.

No sé si descansaré mucho.

Es un poco como la decisión de ser madre o padre; sabés que no va a ser fácil, sabés que será incómodo en muchos momentos. Sin embargo, lo hacés igual porque la alegría le gana siempre a la dificultad.

Por suerte, las ganas de vivir siguen siendo más fuertes que todo lo demás.

Que así sea para todas. Siempre.

Claudia

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