Día 20 Quién es esa?

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Pocas cosas en la vida te harán subir y bajar de golpe tanto como la maternidad.

Eso me pasa a mí.

Por suerte, son muchos más los altos que los bajos, que son pocos, pero pueden llegar a ser muy oscuros y muy duros.

Mejor aún: suele reinar la armonía en nuestra relación.

Hace dos horas, traté de convencer a mi hijo de dos años (abrazame, tengo un hijo de dos años) que me deje lavarle los dientes.

Y creí que YO iba a salirme con la mía???

Él se “lava” los dientes. O sea, muerde su cepillo durante un par de minutos, siempre con las mismas muelas.

Después de una par de semanas, el cepillo parece haber sido usado para lustrar el parquet de toda la casa, con las cerdas mirando a los cuatro puntos cardinales.

A mí me toca cepillarle después de la mordida de cepillo, o bien con el mismo cepillito o bien con uno de goma que se pone en el dedo, sin meter el dedo hasta el fondo porque MUERDE.

El cepillo no.

El niño.

Muerde con mi dedo adentro de esta especie de preservativo-cepillo de silicona.

Duele.

Mucho.

NO METAN NUNCA EL DEDO HASTA EL FONDO.

Total que ahí estábamos: “Mi amor, todas las noches hay que cepillar/ Querés cepillar mis dientes mientras cepillo los tuyos? / Canto canción motivadora./ Te acordás que hoy comimos helado? Hay que cepillar sobre todo cuando comemos helado. / Entiendo que no quieras, pero hace falta hacerlo./ Lo hago rapidito…etc….”

Está bien.

Mis niveles de creatividad e ingenio a estas horas ya son prácticamente nulos.

“No, no, no.”

El único sonido que salía de su boca.

Y luego:

“Boobie”

En qué momento se me ocurrió que iba a poder negociar que primero se lave los dientes y LUEGO tomara la teta?

TIENE DOS AÑOS. NO VAS A GANAR ESTA BATALLA.

En ese momento, creí que sí.

O no quise perder.

O…qué sé yo…qué me pasó por la cabeza…

Pocas veces llora mi hijo por algo que no sea una caída.

Empezó a llorar.

Y yo, que noooooo…primero los dientes.

Nada en la vida te va a mostrar tu peor cara como ser madre.

Nada.

Tuve que irme un rato de la habitación para recomponerme.

Le dije.

Me voy un ratito al living porque es lo mejor que puedo hacer ahora.

Volví.

Le dije:”Ok. Te doy teta, pero no va a haber más helado, ni chocolate, ni torta.”

EEEEHHHH??? Quién es esa???

Ni siquiera es uno de esos episodios de: ”Uy, soy mi madre”.

No.

Esa señora, amenazando a su hijo de dos años con dejar de darle azúcar por el resto de sus días…QUIÉN ES? DE DÓNDE SALIÓ?

Me sentí la peor del mundo y de toda la historia de la humanidad.

La saturación.

El cansancio.

La soledad.

La responsabilidad; porque de ahí nació mi empeño en que se lave los dientes.

En mi mente, ya lo veía con los dientes negros o casi peor: ningún diente en primer grado.

Seguramente sea mejor una dentadura podrida que una madre histérica.

Hay veces que no logro detener la locura a tiempo.

Afortunadamente, han sido contadísimas veces y siempre, siempre, tengo la esperanza de que no vuelva a repetirse.

En eso trabajo cada día.
Claudia

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