Día 7 El árbol

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“Llevo un año tratando de que planten ese árbol!”

Eso me dijo Rufina esta mañana.

De repente, lo vi todo con una claridad impactante.

“Buscaste un jardinero profesional?” Le pregunté yo.

“No.” Contestó.

Ella llevaba pensando en que quería ese árbol plantado.

Había hablado con vecinos que le prometían que algún hijo o conocido le plantarían el bendito árbol y al final no pasaba nada.

En realidad, había pasado un año, pero no había hecho más que hablar con personas que nada tienen que ver con plantar árboles.

Había accionado muy poco en realidad.

Muy poco y con las personas equivocadas.

Había hablado mucho de que ella quería el árbol, sin embargo, había hablado aún más acerca de cómo muchas vecinas NO querían el árbol y de cómo los vecinos prometedores NO habían cumplido.

Ahora, quería apurar al jardinero con el que estábamos hablando porque ella llevaba mucho tiempo esperando que se concretara su deseo.

“Llevas un año apurada y ansiosa por tener el árbol plantado. Funcionó?”

“No.”

“Bueno, entonces, por qué no probás otra actitud?”

Fue tan claro para mí que lo que ella estaba haciendo, diciendo y sintiendo no estaba ayudando y que necesitaba cambiar su discurso y su emoción…y no solo fue claro en su caso, sino que también me di cuenta de porqué no se cumplen nuestros deseos tantas veces en la vida.

Comprendí por qué algunos deseos míos parecen posponerse eternamente.

Me concentro en lo que falta, en quien no quiere, en lo que no me agrada.

Me concentro en lo negativo, en la escasez.

Hoy también me pasó algo en el otro sentido.

Pensaba en mi hermana, en la última vez que la vi, en lo mucho que me gustaría verla y que conociese a mi hijo, y cuando miré a mi bebé, recordé exactamente el momento en el que me di cuenta de que deseaba ser mamá.

Estaba con mi madre, en Canadá, apoyándola en un momento difícil de enfermedad.

Entonces, supe que quería un bebé.

Eso fue en julio del 2013.

El 26 de enero del 2014, la primera vez que nos abrimos a la posibilidad de una gestación; quedé embarazada.

Cuando recordé todo esto, sentí la magnitud de esa manifestación.

Lo poderoso de aquel deseo.

Seis meses después de darme cuenta de que quería ser madre, estaba habitada por mi hijo.

O sea: una nueva vida se estaba gestando.

Me pareció tan enorme que se cumpliera aquel deseo que cualquier otro sueño podía también concretarse, sin lugar a dudas.

Solo hace falta enfoque en el deseo y la acción, y no en lo que no está resultando.

Enfocar en lo que SÍ quiero y sentirme bien haciéndolo.

Me lo merezco.

Claudia

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