DÍA 7

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DÍA 7

LA LLAVE TORCIDA

Ayer, en mi DÍA 6, otra vez me sentí mareada, con el estómago revuelto y muy cansada, con un sueño tremendo.

Al sentirme así, me recordé un par de cosas.

1 –  Cuando una está sanando en profundidad, necesita cuidarse mucho más que de costumbre.

Hace falta más delicadeza, más mimos, más cuidados.

Dormir bien, comer bien, darse mimos (masajes, un buen libro, un baño… lo que nos reconforte y nutra nuestra alma)

2 –  Pensé: RESISTENCIAS.

Siempre que quiero cambiar algo, una parte de mí se resiste, ya que estoy pretendiendo cambiar lo que es familiar y conocido.

Una parte mía se siente amenazada y se resiste a lo nuevo y distinto.

Mi malestar físico= miedo.

Repito ESTOY DISPUESTA A SANAR Y CAMBIAR. SÓLO SON CAMBIOS. TODO ESTÁ BIEN EN MI MUNDO. ESTOY A SALVO.

3 – Darme ánimo es importantisimo.

Fijarme en todo lo que estoy haciendo y cómo estoy cumpliendo con mi propósito, felicitarme y decirme palabras que me dan seguridad.

CADA DÍA ES MÁS FÁCIL SEGUIR MI PROGRAMA. AMO MI NUEVA RUTINA, ME HACE BIEN Y CUANTO MEJOR ME SIENTO MÁS BONITA ES MI VIDA. CADA DÍA LO HAGO MEJOR.

Además, en estos últimos tres días, sentí la negatividad subir a la superficie.

He estado teniendo lo que yo llamo “pensamientos negativos en bucle”.

Me obsesiono con una situación en la que me sentí mal y mis pensamientos se vuelven obsesivos y repetitivos, negativos y totalmente contraproducentes, por supuesto.

Esto es otra cosa que sé, por experencia: las crisis de sanación pueden tener momentos muy desagradables.

¿Querés saber cómo lo aprendí?

Cuando me inicié en el primer nivel de Reiki Usui, hace ya 7 años, tuve una crisis de sanación muy interesante.

Un día, volvía a mi casa del barrio de Chamberí, en Madrid con quien ya era mi ex (bueno, uno de ellos, jeje).

No recuerdo porqué yo estaba enojada, lo cual me pasaba mucho en ese momento de mi vida.

Total que fui a abrir la puerta del portal del edificio, y no podía abrir.

Después de probar un rato y con la rabia que tenía a flor de piel, me ensañé con la llave y la cerradura.

No recuerdo si logré abrirla.

Lo que sí recuerdo es que al día siguiente cuando agarré mi llave, me quedé helada.

La llave estaba totalmente torcida por la mitad, tenía una curva de un ángulo de 90 grados.

No sé como no se rompió.

Ni sé cómo llegué a hacerle eso.

En ese momento, me asusté de lo que era capaz de hacer sin siquiera darme cuenta.

Después de este episodio y de haberle dado una cachetada en el brazo a mi ex, decidí irme una semana a hacer terapia con un fantástico terapeuta que tenía una casa en el sur donde podías quedarte mientras lo veías a diario a él.

Hice el ayuno de savia y limón, me di mucho Reiki y, con su ayuda, saqué mucho dolor y mucha rabia que llevaba embotellada desde chica.

Lo que más recuerdo es estar abrazada a él, gritando por mi mamá.

Logré aflojar esa rabia tan grande por haberla perdido a una edad en la que todavía la necesitaba dolorosamente.

xox

Claudia

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