DÍA 4

90.dias.dia.4

UNA BUENA BROMA

Después de un DÍA 3 sumamente interesante, me fui a dormir contenta, entusiasmada y feliz con mi cambio.

Después de hacer Yoga, que otra vez me organicé para las 3 de la tarde, me sentí muy revuelta.

Creo que fue una mezcla de hambre, de haber tomado mate por la mañana y de las emociones que liberé, tanto en la sesión de Yoga como escribiendo.

Sentí ganas de vomitar y náuseas.

Me puse agua fría en la frente y me recosté un rato, hasta que se me pasó un poco.

Tenía clase con mis adolescentes, que adoro, y no quería faltar, así que emprendí camino después de una duchita.

A todo esto, me llevé la comida porque no había tenido tiempo ni ganas de comer después del malestar.

Espero el colectivo… que tarda…y tarda… y yo iba con el tiempo justo.

Y bueno…no pasa nada.

Si veo que llego tarde, aviso.

Llega el colectivo, nos subimos los 20 que lo esperábamos, tomo asiento.

Sentí que estaba frío al sentarme, pero no le di mucha bola.

Pensé que tal vez era yo, que me sentía rara.

No era yo.

El asiento estaba mojado, como pude comprobar cuando me levanté con todo un cachete mojado con agua, quiero creer…era agua, ¿CIERTO?

Ok. Bueno, no importa.

¡Ah! Mi pareja me había dicho que no fuera a dar clase sintiéndome así.

Un pequeño detalle.

Me bajo del colectivo y espero el segundo, que me lleva hasta donde voy.

Le aviso a la coordinadora que voy a llegar unos minutos tarde ya que perdí el colectivo que suelo tomar.

Llega el siguiente colectivo.

No hay asiento.

Mejor.

Nunca se sabe.

Frenazo número uno. Una chica me pisa el pie. Voy en sandalias. Duele.

Frenazo número dos. Me trago la barra para garrarse en el brazo. Duele.

Bueno. Esto pasa. No hubo accidente y todos estamos bien.

Más o menos a la mitad del camino, el colectivo para y después de un minuto, se desvía.

Veo el humo característico de un piquete.

En ese momento, ya me empiezo a reír por dentro. Y pienso en la cara de mi novio cuando le cuente. (“¿Viste? ¿Qué te dije? No tenías que ir…” etc…)

Al mismo tiempo, reflexiono sobre cómo nos tomamos las cosas y lo que nos pasa cuando surjen obstáculos en nuestro camino.

Claro que podemos renegar, quejarnos o pensar que “no deberíamos haber” emprendido tal o cual cosa.

O podemos reírnos de lo imprevista que puede ser la vida.

De lo fantástico que así sea.

Llego al colegio, subo a tomarles exámen a mis chicos, a los cuales a lo largo del año les llevé tarjetas con mensajes positivos contando que son talentosos, inteligentes, que la vida los apoya y que pueden vivir libres, que merecen amor, todo lo bueno y que son suficiente.

No me gustan los exámenes, a ellos tampoco.

Yo quería estar en este día.

Mientras hacen el exámen, que era escrito, yo como mi almuerzo.

Comprobé que cuando se respetan las necesidades del otro, ellos no objetan cuando necesitamos que nos banquen las nuestras.

Yo nunca les prohibí comer en clase, lo cual supuestamente tengo que hacer.

Yo sólo les pido siempre que limpien y junten sus papeles. Ellos lo hacen.

Así que no objetaron cuando les expliqué que no había almorzado porque me había sentido mal y que comería en ese momento.

De todas formas, son unos divinos compasivos, abiertos y tiernos.

Todo fluyó, terminaron y yo me fui para casa.

Ni siquiera se me había ocurrido que el piquete de antes…seguiría, ahora en plena Panamericana y multiplicado.

Total que el colectivo fue a dos por hora un buen rato y terminamos llegando mucho más tarde de lo que se suele tardar. A mis oídos, les tocó escuchar todas las palabras que tanto extrañé en España, y mis pulmones respiraron el aire quemado con goma.

Ahí sí, me reí con todo. ¡Era demasiado buena la broma!

Llevaba conmigo los exámenes, que corregí (sí, queridos, sus profes han corregido y seguirán corrigiendo en los colectivos…o ¿sólo lo hago yo?) y seguí leyendo mi libro del momento sobre vendedores locos.

¡Ah! Para coronar el día, Matilda, mi gata tigresa, se metió de golpe debajo de la heladera y salió con un ratoncito en la boca…y sí, me subí a una silla después de pegar un estridente grito que me dejó la garganta rasposa cual estéreotípica mujer de película mediocre.

YO ELIJO CÓMO SENTIRME

Nada en mi día puede bajonearme si no lo dejo.

¿Cómo querés sentirte hoy?

Decidí y hacelo.

No permitas que nada te amargue.

Ahora, voy a juntar los popós que me dejó Frida en el living…

xox

Claudia

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2 comentarios en “DÍA 4

  1. Ayyy …jajaja… me hiciste reír tanto!!! sos una grosa! para tomarte la vida de esa manera y matarte de la risa!! jaja

    Yo tengo una anécdota para contar de un “día de furia” jaja como la peli. (no es tan graciosa como la tuya, pero a la distancia y en mis recuerdos, hoy me hace reír)

    Estaba en Villa General Belgrano y decido partir una mañana hacia Capilla del Monte, viajo en auto (el que era de mi papá y acabo de heredar), sola, en un vw senda con sus años, pero que anda al pelo.
    Para llegar a Capilla del Monte tengo que atravesar todo el valle de Punilla, pasando por todas sus ciudades, entre ellas la más grande y cabeza del departamento: Villa Carlos Paz.
    Cuando estoy justo atravesando la ciudad, y el puente del dique San Roque, mi auto decide pararse JUSTO A MITAD DEL PUENTE! Detenido, patapúfete! se apagó solito.
    Bueno… por como se dio la cosa y al ver que el reloj se había puesto en cero, supuse que era una cuestión eléctrica. Después de varios intentos (y de aguantarme todas las hermosas frases que los automovilistas me dedicaban al pasar, junto al coro de bocinazos) logré arrancarlo y super lentamente y como el motor como “tosiendo”, lo hice llegar abajo del puente, lo “estacioné” a 50 metros, de mano derecha y poniéndole las balizas, salí a buscar un electricista. Tuve la suerte de encontrar uno a 300 metros de donde estaba (cruzando la avenida en la que desemboca el puente). No puedo explicar las maniobras que hice con el auto para llevarlo hasta allí, sí puedo contarles que si me hubiera visto algún policía de tránsito en ese momento, todavía estoy juntando plata para pagar la multa!
    Para este momento ya era el mediodía, por supuesto mi plan era llegar a Capilla del Monte a eso de las 13 30 o 14 hs, aproximadamente, pero una propone y el universo siempre dispone, jeje.
    Bueno, llego a dejar el auto en la puerta del mecánico a las 12 30, lo mira… me dice: es la bobina, tenes que ir acá cerca pasando el puente (eran en verdad como algo más de 10 cuadritas) a buscar una, deciles que es para senda con gnc. Le pido que por favor me espere (porque en verdad el mecánico me contó que cerraba de 13 a 15 30), me dice: “a las 13 cierro”. OK.
    Voy (literalmente corriendo) hasta la casa de repuestos, compro, me apuro todo lo que puedo, vuelvo, llego a las 13 03 (el mecánico me estaba esperando 🙂 jeje) pero: la bobina no es esa… el repuestero me vendió una con otro pico… ok, tengo que cambiarla, pero la casa de repuestos cierra de 13 a 16… o sea… tengo 3 horas para hacer NADA … pasar el tiempo, comer algo , pasear… no me queda otra (estaba enojada pero intentaba aplicar lo aprendido en el curso!!).
    Abre la casa de repuestos, cambio la bobina, esta otra por supuesto era MAS CARA que la anterior.
    Voy hasta el mecánico… estaba su socio pero él no había llegado… me dijo 15 30… no llego hasta pasadas las 17 (mi humor no está tan entrenado como el de Claudia! yo estaba que echaba chispas, pero mi auto estaba ahora desarmado, y ya no había manera de arrancarlo, a menos que este muchacho lo hiciera andar, así que intenté calmarme todo lo que pude, tragarme la bronca por su llegada tarde y ser todo lo amable posible, dentro de mi ansiedad) Ya había perdido toda la tarde.
    A todo esto, siguen trabajando, se hacen las 19… la bobina no era el único problema, había que cambiar el distribuidor, una pieza grande y completa y bastante cara. Tengo que ir a otra casa de repuestos, esta está más lejos, pero por suerte cierra tarde.

    En medio de todo esto, yo, que andaba con un libro de Anthony De Mello encima, “Un minuto para el absurdo”, y abriéndolo en cualquier hoja, leo la frase JUSTA!

    “¿Cuál es el secreto de tu serenidad?” preguntó el discípulo.
    “Cooperar incondicionalmente con lo inevitable”, respondió el maestro.

    bueno… qué más puedo agregar… a Capilla llegué como a las 21 30 hs

    No pude dejar de pensar en dos cosas: el día anterior había estado paseando por una ruta total y completamente desolada y alejada por cientos de kilómetros de cualquier lugar habitado. Por otra parte, yo había evaluado la idea de hacer este viaje de noche para aprovechar el día completo luego.
    Está de más decir lo agradecida que estuve por haber tenido este infortunio en plena ciudad y a plena luz del día, de algún modo esa fue LA MEJOR MANERA de pasar por todo eso.
    Hoy lo recuerdo como una anécdota casi divertida. Pero qué difícil es cooperar con lo que toca, reírse de lo que nos va sucediendo (aclaro que estoy hablando de este tipo de infortunios, que son mera anécdota, no de cosas graves y sumamente dolorosas, no?) Pero cuánto más sencillas de sobrellevar nos resultan las horas y las situaciones si las aceptamos en vez de pelearnos con lo que ES.

    “Cooperar incondicionalmente con lo inevitable” …

  2. Vale,

    gracias, yo también me reí al leerte y admiré todos y cada uno de tus esfuerzos por conseguir lo que querías…llegar a Capilla del Monte.
    Y ¡lo conseguiste!

    Seguro que cada día te es más fácil reírte y tomarte los “contratiempos” con soda.

    Un abrazo hermosa!

    Claudia

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