Día 54 Amada

Hoy fue mi cumpleaños.

Hoy arranca otro año nuevo para mí.

Me hice varios regalos:

– Invitar a las amigas que quieran a venir a cenar pizza casera y tomar una copa de vino. Quién quiera y pueda, que venga. Y vinieron, ellas, hermosas, poderosas y abrazadoras, a celebrar mi vida conmigo. Gracias!

– Fui a buscar los volantes para promover mis meditaciones y dejé varios en mi dietética amiga…jaja. Gracias!

– Un desayuno en mi café preferido, sola, con mi cuaderno. Gracias!!!

– Fuimos a jugar a la plaza con mi hijo antes de la lluvia. La pasamos genial, corrimos, saltamos, tomamos aire y pateamos la pelota. Gracias  : D

– Hice ejercicio y medité. Gracias gracias gracias.

– Me relajé y preparé lo que pude. El resto, lo hice cuando llegaron mis invitadas. Gracias.

– Disfruté. Gracias!!!

Durante muchos años, pretendía que el día de mi cumpleaños fuera un “día perfecto” y que todo fuera “perfecto”.

Me estresaba por no tener ningún tipo de estrés, por estar muy rodeada, por hacer una torta fantástica y sentirme querida a toda costa.

Ahora, si bien amo celebrarlo, sé que celebrar mi vida tal como es, con quien esté cerca y con ganas, eso es lo perfecto.

Tal vez la gran diferencia es que ahora me sé tan amada que no importa si todas esas bellas personas están o no, me felicitan o no.

Yo sé que me aman.

Ese; ese es el mejor regalo que me he hecho jamás;

me sé y me siento querible y querida, por lxs demás y por

mí.

Claudia

 

 

Día 53 Cansada..por fin

Seguimos con acciones.

Qué bien me siento.

Hoy, tuve un día ocupado. Ocupado en hacer cosas quemí.

Llegué cansada a la noche. Cansada y feliz.

No llegué cansada emocionalmente, como tantos otros días; llegué con cansancio feliz. Cansancio de músculos que se movieron, cansancio de cuerpo que caminó y bailó y se ejercitó.

Hoy, además de hacer media hora del entrenamiento del ballet de Nueva York, fui a un taller de Swing.

Swing? Nunca hubiera pensado en tomar una clase de Swing. Ayer, vi el evento en facebook: taller de Swing gratuito a tres cuadras de mi casa en el horario que mi hijo puede quedarse con el papá. No me lo pensé dos veces. No tenía excusa.

Y fui.

Hacía muuuucho que no tomaba una clase de baile.

Me re encontré con una importantísima parte de mí.

Bailé, aprendí cosas nuevas, conecté con otras personas, me reí.

Simple y poderoso.

Voy sumando de nuevo.

Voy recuperándome.

De a poco, paso a paso, vuelvo a ser un poco más yo.

Eso es cambiar mi vida.

Volver a mi esencia.

Bailar siempre me apasionó.

Volver a lo básico, a la fuente, a lo que me da vida y recarga mis pilas, me desafía y me hace transpirar.

Vuelvo a mí, y no hay mejor sensación.

Claudia

 

Día 52 La tierra y el cielo

Hoy encargué volantes para que la gente del barrio se entere de que doy meditación dos veces por semana.

Burno, de paso se enteran también ustedes, si no lo sabían ya.

Cansada pero contenta.

Tal vez por el momento de mi ciclo. Tal vez porque estoy redirigiendo mis pensamientos y energías a lo que realmente me hace bien.

Estoy de nuevo con más pilas y vital.

Sigo haciendo ejercicio regularmente y me hace mucho bien.

Medito también, aunque sea unos minutos.

Guiar meditaciones es algo que amo. Se combinan varias cosas que me apasionan: usar mi voz, guiar a otra persona en una experiencia sanadora y placentera, escuchar mi intuición y conectar yo también con la tierra y el cielo.

Enraizarme y elevarme al mismo tiempo.

La tierra representa el cuerpo, lo tangible, el estar presente, el accionar en este mundo.

El cielo; el espíritu, nuestra intuición y energía más sutil, nuestra conexión con el Universo.

Creo en armonizar estos aspectos de mí para vivir y manifestar mejor.

Me olvido de lo que necesito para vivir bien.

En este momento, lo estoy recordando y sobre todo; lo estoy poniendo en práctica.

Claudia

Día 51 Salida con uno de dos

Hoy, llevé a mi hijo a la celebración del Vesak, el día en que los budistas recuerdan a Siddharta Gautama, el buda. Hoy, se celebró con el baño al Buda niño, en el barrio chino.

Después de un par de días grises y lluviosos, salió el sol para acompañar esta tarde y allá fuimos a bañar al budita. Me parece un ritual muy bonito, simple y profundo a la vez.

Luego, caminamos en busca de algo dulce y especial, un treat. Vi que vendían esos dulces hechos con pasta de porotos y elegí uno de adukis. A mí me gustó pero a mi pequeño, no. Al principio dijo “chocolate”, y luego fue arrugando la cara, creo que al sentir la textura. Me alegré con que se haya tragado un bocadito de adukis y le propuse buscar otro treat más acorde a su argentino paladar. Tuvimos que caminar un par de cuadras, que parecen más con niño a upa, les aseguro. Encontramos un mini mercado de estos de cadenas francesas y compramos dos alfajores. Más dulce, imposible. Nos sentamos en la vereda y compartimos los alfajores. Bueno…yo comí más de la mitad de cada uno para evitar que él coma mucho. En el momento de abrir el segundo alfajor, me pregunté por qué había comprado dos, si con uno sobraba. Yo suelo comprarle unas barritas chiquitas de chocolate al 60%, nos comemos la mitad entre lxs dos y guardo el resto para otro momento. Hoy compré dos alfajores y me comí casi todo yo para evitar que él comiera mucho. La cosa es que yo no tenía ni ganas de comerme un alfajor.

Esto es algo que vengo cuestionándome mucho. No lo de comer alfajores, porque no es habitual, sino lo de aceptar en mi vida algo que yo no quiero o ni siquiera deseé.

Esta última semana, que ha sido dura, me volvió mucho este pensamiento acerca de lo que realmente quiero y acerca de cómo me ocupo de mis necesidades y cómo nos afecta a mí y a mi hijo.

Terminamos de comer los alfajores y, obviamente, teníamos sed.

Entramos de nuevo al mini supermercado a comprar agua, y entonces mi hijo ve autitos colgando de una esquina de la góndola. Quiere la moto. “Mi amor, entramos a comprar agua. Hoy no vamos a comprar un autito. Te acordás que compramos uno hace dos días? (En otra sucursal de la misma cadena y por la misma razón!)Podemos volver a comprar un autito en otro momento. Bla bla bla…”  Enojo. Grito de enojo. Simula pegarme y empujarme de donde está él. Después de unos tres minutos, ya no quiere agua y la única forma de que se conforme un poco es saliendo de la tienda sin comprar la botella. Ok.

Nos dirigimos hacia la plaza. La plaza que ahora tiene calesita.

Compro dos tickets para la calesita. Mientras nos dirigimos hacia la arena, quiere subirse a un autito de estos que se mueven y hacen ruido. Una ficha para el autito. Brum brum, tut tut y enfilamos hacia los juegos de la plaza.

Jugamos, juega, charlo con una amiga que nos cruzamos, (que le convida un alfajorcito, ay!) él quiere salir de la plaza con un monopatín ajeno, salimos a dar una vueltita, luego ve un pata pata, damos una vuelta con el pata pata, le propongo ya ir hacia el colectivo y… quiere una vuelta más en uno de los autos de hacen ruido y se sacuden. Bueno, una más y nos vamos. Una ficha más. Brum brum tut tut. Se para. Quiere el camión. Lo subo al camión mientras le explico que ya no tengo plata para más fichas. Enojo. Grito de enojo. Simula pegarme. Llora. No terminó de salir del ojo la primera lágrima que la calesitera le da una galletita de chocolate y antes de que yo pueda reaccionar el niño paró de llorar y yo estoy sufriendo pensando en la cantidad de azúcar que está ingiriendo este niño hoy.

Además, me pongo a pensar que si yo usara un dulce para cortar su llanto, estaría creando un interesante trastorno alimenticio… no importa, no es algo que se me ocurra; darle comida para calmarlo.

Con la galletita en la mano y en la boca, salimos hacia la parada del colectivo.

La próxima vez, llevo fruta o cualquier merienda saludable, en la mochila, agua, (que terminamos comprando dos cuadras después del incidente del súper, al doble de precio) y evito entrar en lugares en los cuales tientan a lxs niñxs con chuches a la altura de sus ojos.

Quiero elegir y tomar eso que elijo a conciencia.

Quiero mostrarle eso a mi hijo.

Claudia

Día 49 Yo, mí, moi

Hoy, que tampoco fue un día glorioso PERO, damas y caballeros; estoy haciendo ejercicio regularmente, con esta joyita entre otras joyitas de shutub. Iutuv. Como lo pronuncie cada cual.

Eeeen fin. Algo es algo. El resto, bueno… hay de todo, pero esta semana está siendo dura.

Más allá de mover los músculos, gruñir como un perro y sentirme lo peor de la tierra, me di cuenta de que es hora de cambiar SOS Mamá, la página que creé hace poco más de un año.

Yo todavía estaba muy puérpera y conectadísima con la materbidad y todo lo relacionado con bebés y niñxs pequeñxs.

Un año más tarde: PAGO por poder hablar de otra cosa y olvidarme, por un instante, que soy mamá.

Sí, me formé como doula y sigo amando ese camino.

Sí, lxs bebés son lo más bello del mundo.

Sí, AMO a mi hijo.

Solo necesito, y me sale, hablar de otras cosas, volver más a mí, a la mujer, al indivíduo, a mis necesidades y quiero encontrar formas creativas de hacer que todo funcione en mi vida: mi yo no-mamá, mi yo-mamá y mi hijo.

Ah! Y lxs gatxs, que son tres.

Yo yo yo. Seeee, mencioné mis necesidades, mi sentir, mi mi mi… No se trata de mirarme el ombligo, sino de sacar lo mío para afuera, sabiendo que nos pasa a muchas y que mi propia experiencia puede servir a otras.

Soy feliz guiando meditaciones, y no todas tienen que ver con ser madre o estar gestando, y así me gusta.

Amo dar sesiones de coaching y guiar a mis clientas en direcciones amorosas para consigo mismas.

Hooolaaa! Dicen que enseñamos lo que precisamos aprender.

Gracias a cada persona que trabaja conmigo, yo también crezco y aprendo.

Es un círculo. Realmente.

Mi círculo incluye mucho más que la maternidad.

Por eso, necesito cambiar mi página y su dirección y crear una más acorde a todi mi yo y lo que tengo para dar.

Recuerdan que tengo mucho para dar, como les conté ayer.

Pues eso.

Claudia

 

Día 48 Esto también

Viste cuando vos querés dar y parece que nadie quiere eso que vos tenés para darles?

Bueno, hoy sentí esto todo el día.

Mi mañana pasó entre un trámite laaargo y aburrido y los comerciantes con los que pretendía, además de comprarles algo, intercambiar unas palabras.

Me miraron como si fuese una extraterrestre. Como si hablara otro idioma. Como si lo que dijera tuviese cero interés para ellxs

Bien puede ser.

Solo me estaban vendiendo un pantalón chiquito uno y unos auriculares otro.

Qué les importa si una amiga me recomendó comprar ahí ropa para mi hijo o que yo quisiera saber si los auriculares iban a dejar de funcionar en dos semanas…

Será que yo tengo hoy tanta necesidad de hablar con una persona adulta que no discrimino ni con quién ni de qué?

Estos últimos días fueron duros emocionalmente. Ando muy desgastada.

Obvio; qué le importa este dato al chino del bazar o al de la tienda de barrio?

En días como hoy, lo que daría por estar cerca de mi madre, de mi hermana…

La maternidad sin familia alrededor se torna, por momentos, de un gris muy oscuro.

Remar y remar y volver a remar.

Son días o solo momentos, por suerte. Muy duros.

Esto también pasará.

Claudia